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Investigación en movimiento

Las tres patas de una movilidad: tiempo, redes e instituciones en la internacionalización de la universidad pública

Resumen

Este ensayo parte de una experiencia concreta, una movilidad académica de posgrado en la Universidad de Pisa, desarrollada entre septiembre de 2025 y enero de 2026. Desde ahí propone discutir un problema más general: qué condiciones hacen falta para que alguien pueda efectivamente acceder a un intercambio internacional. Proponemos tres: la disponibilidad de tiempo, la existencia de una red que sostenga lo que se deja atrás y una institución que produzca y administre la oportunidad. Las dos primeras están desigualmente distribuidas. La tercera es la que puede corregir esa desigualdad.

1. Una habitación que no se puede ver

El intercambio empieza meses antes del viaje. El primer desafío no es académico ni económico: es conseguir donde vivir.

Pisa es una ciudad que recibe alrededor de dos millones de turistas por año1. Viajan por la torre, por la basílica, por la historia. Existe una oferta amplísima de alojamientos por tres noches, pero no es sencilla la tarea de encontrar habitaciones para quienes vivirán allí por un semestre. Al mismo tiempo, a diez mil kilómetros, resulta difícil reservar un cuarto que nunca se vio, o enviar dinero como adelanto a alguien que nunca se conoció.

Un drama similar al que atravesamos, de este lado del océano, los que buscamos alquiler. Inmobiliarias que piden garantías imposibles, pensiones, camas compartidas. La diferencia es que hay que resolverlo mediados por una pantalla y en otro idioma.

Antes de eso está el consulado. El turno se pide por una plataforma en línea y la cita es presencial, en la Ciudad de Buenos Aires. Para quien vive en el conurbano puede ser un viaje de algunas horas. Para quien vive en otra provincia significa trasladarse y dormir en la gran ciudad. Una jornada entera o dos, destinadas a un trámite que nadie puede hacer en tu lugar.

Ninguna de las dos escenas aparece en el texto de una convocatoria. Y las dos deciden tanto o más que el mérito académico quién termina subiéndose al avión para cruzar el charco.

Este ensayo se apoya en esa distancia. Entre septiembre de 2025 y enero de 2026 cursamos un semestre en el Departamento de Economía de la Universidad de Pisa (UNIPI), en el marco del programa TNE-DESK2. Lo que sigue no es la crónica del viaje, aunque el viaje sea el hilo. Es un intento de nombrar las condiciones que lo hicieron posible y de preguntarnos qué pasa cuando alguna falta.

2. De la convocatoria a Pisa

Entre ganar una convocatoria y entrar a un aula en Italia hay un recorrido que conviene enumerar. No porque cada paso sea imposible, sino porque son muchos, son sucesivos y varios requieren presencia física en un lugar y en un horario determinados.

El primero es la inscripción en el portal italiano de universidades, que formaliza el registro como estudiante extranjero. Con ese comprobante la UNIPI emite una carta de invitación con el período de movilidad y las condiciones del programa. Con esa carta se pide el turno consular.

El consulado es estricto y conviene decirlo sin eufemismos. No puede faltar nada: pasaporte, seguro médico internacional, fotografías, la carta de invitación, una recomendación académica y los comprobantes de beca y de alojamiento. En sus propias comunicaciones se aclara que la visa no es un derecho y que la autoridad consular se reserva la facultad de otorgarla o no. El mensaje llega con claridad. Aunque hayas ganado un proyecto, no vas a estar allá hasta que ellos firmen.

Confirmada la visa llega el acuerdo de movilidad, que fija el período oficial del intercambio. Para quienes tienen una beca que cubre gastos como el pasaje hay un requisito más: una cuenta bancaria europea. Puede tramitarse una cuenta local ya estando en Italia, lo que demora semanas, o usarse una plataforma digital que reciba transferencias internacionales.

Ya en destino el reloj se acelera. El primer día hábil hay que presentarse en la oficina internacional con toda la documentación. El permiso de residencia debe iniciarse durante la primera semana y tiene su propia cadena de acciones consecutivas. Una línea telefónica local. La identificación tributaria italiana, que es el equivalente de nuestro CUIT. El seguro médico. Una visita a un servicio social que asiste con el trámite, sin turno previo y a veces con largas esperas. Toda esta documentación debe enviarse por correo postal y hay que conservar el recibo. Después una cita en la policía para la toma de datos biométricos. Recién entonces llega el registro en el sistema de la universidad, que habilita la cuenta institucional y con ella el aula virtual, el comedor y la inscripción a exámenes.

Conviene señalar dos cosas más. La primera tiene que ver con la beca. El programa cubre los gastos de la movilidad, pero paga después. Todo lo anterior hay que adelantarlo: el seguro médico, el pasaje, los primeros días de alojamiento y el trámite de residencia con sus aranceles. Entre aceptar la movilidad y recibir el primer pago hay que asumir costos propios en moneda extranjera. Quien no lo tiene ni consigue quién se lo preste no llega a la fecha de inicio aunque haya ganado la convocatoria. El problema no es el monto de la beca, es el orden en que ocurren las cosas3.

La segunda: la oficina de cooperación internacional responde consultas administrativas y no académicas. Los contactos con docentes y secretarías de departamento se consiguen recién estando allá. Durante los meses previos, la información sobre qué se va a cursar se busca en las páginas de la facultad, en las redes de la universidad y sobre todo preguntándole a otros estudiantes.

El paso más complejo y también el más interesante fue el de la policía. El permiso de residencia exige la toma de huellas dactilares y se completa después de dos o tres citas sucesivas. En esa misma dependencia se tramitan las solicitudes de asilo. Los solicitantes son en su mayoría migrantes africanos. Había folletería en varios idiomas y un circuito de atención que los priorizaba. Estamos hablando de una comisaría en una ciudad chica. No entrevistamos a nadie de esa fila. No podemos hablar del trato. Pero sí del dispositivo: cuando un fenómeno deja de ser excepcional la administración pública lo incorpora a su rutina.

Nada de esto es una queja. Es un inventario. Y el inventario permite ver lo que la palabra beca oculta: entre la oportunidad y su ejercicio hay un trabajo, y ese trabajo requiere condiciones.

3. La pata estructural: el tiempo escaso

La primera condición es el tiempo, y es la menos declarada de las tres.

Una movilidad de un semestre supone interrumpir cuatro o cinco meses de todo lo demás. Los estudiantes de posgrado en Argentina, en su gran mayoría, trabajan. Eso implica licencias y reemplazos. Ingresos que se suspenden. Cátedras que hay que dejar cubiertas. Responsabilidades de cuidado que alguien tiene que asumir. La convocatoria evalúa un plan de estudios. No evalúa ni podría evaluar si la vida de quien se presenta admite un paréntesis de ese tamaño.

El tiempo previo tampoco es neutro. El trámite consular es presencial. Se concentra en la Ciudad de Buenos Aires y se resuelve en horario laboral. Quien vive lejos o tiene un empleo sin flexibilidad o no puede dejar a alguien a cargo por un día entero enfrenta un obstáculo que no tiene relación con su formación académica. Lo mismo aplica para la búsqueda de alojamiento a distancia, que exige semanas de rastreo en grupos que se actualizan a toda hora.

Hay un tercer tiempo: el del destino, que sorprende porque pareciera menos exigente. El sistema universitario italiano, al menos en posgrado, no toma asistencia. La nota depende casi exclusivamente de un examen final que suele ser oral e individual, y el estudiante elige en qué ventana rendirlo entre varias disponibles durante el año. Los créditos son la unidad de medida. Cada materia vale seis, nueve o doce, y un crédito equivale a unas veinticinco horas de trabajo total. El sistema declara cuántas horas de estudio espera. Esa licencia para asistir o no a clase no es mejor ni peor que nuestra cursada con parciales y correlatividades. Es otra organización del tiempo y supone que alguien pueda administrarlo por su cuenta.

4. La pata cultural: la red que banca

La segunda condición son los vínculos. Conviene distinguir tres redes porque cumplen funciones distintas.

La primera es la de acá. Sostiene lo que uno deja: la familia que se hace cargo, la pareja que reorganiza su vida, los colegas que cubren horas de clase, el equipo de trabajo que absorbe tareas. No aparece en ningún formulario y sin ella no se viaja.

La segunda es la de allá y suple lo que la institución no cubre. Es el argentino que ya está en Pisa y va a ver una habitación antes de que uno mande un adelanto. Es el grupo de Telegram donde se avisa qué residencia está en buen estado. Es el compañero que explica un trámite o que advierte que conviene revisar la conexión de transporte antes de firmar un alquiler, porque hay alojamientos baratos a una distancia que después vuelve imposible la cursada. En las ciudades universitarias europeas existe además una red formalizada de estudiantes internacionales que organiza actividades e intercambios de idioma. La socialización entre extranjeros está institucionalizada de un modo que nos resultó llamativo.

La tercera es más chica y conviene nombrarla aparte. Es la de quienes están haciendo el mismo intercambio. Nosotros cursamos las mismas dos materias y nos acompañamos todo el semestre. Buscar a otros estudiantes del propio programa antes de viajar es probablemente la decisión más útil y menos costosa de todo el proceso.

Esas redes informales están cumpliendo funciones determinantes. Verificar que una habitación existe. Orientar sobre un trámite. Explicar un calendario académico. Son tareas que hoy resuelve la buena voluntad de personas dispersas y quedan disponibles solo para quien tiene con quién hablar.

5. La pata institucional: lo que hace la universidad pública

Si las dos primeras condiciones están desigualmente distribuidas, la tercera puede compensar esa desigualdad. Y es la única de las tres que se decide.

Nuestra movilidad no fue una gestión individual. Existió porque la Universidad Nacional de Lanús y la Universidad Nacional de San Martín integraron el programa TNE-DESK, un consorcio de sesenta y ocho instituciones de América Latina y los Balcanes Occidentales liderado por la Universidad de Bari y financiado con fondos europeos de recuperación posteriores a la pandemia. Nuestras universidades participaron como socias de la UNIPI dentro de ese consorcio.

Existió porque esa participación se tradujo en un procedimiento. Una convocatoria pública y abierta, con presentación de un plan de estudios y evaluación por un jurado. No una invitación, ni por un contacto, ni por una recomendación. Una convocatoria a la que se accede sabiendo de antemano qué se evalúa y quién evalúa4. Detrás hay un departamento, una dirección de vinculación internacional que sostiene vínculos, un proyecto de internacionalización que se construye durante años y respalda académicamente a quien se presenta.

Este es el argumento central del ensayo y conviene enunciarlo sin vueltas. Una movilidad de posgrado en Europa es en principio accesible para quien ya tiene tiempo propio, red propia y recursos propios. Lo que hace una universidad pública cuando construye una política de internacionalización es convertir un privilegio en un procedimiento. La convocatoria no elimina las desigualdades de tiempo y de red. Interrumpe el mecanismo por el cual la experiencia internacional se reproduce siempre entre los mismos. Y lo hace bajo restricción presupuestaria, en un área que suele ser la primera en recortarse porque lo que vuelve con quien viaja tarda años en verse.

Así, frente a esa lotería de partida de tiempos, recursos y contactos, es la intervención del Estado, a través de la universidad pública, la que opera como un mecanismo redistribuidor de oportunidades. Si la educación es un canal para conseguir autonomía, entonces es la regulación pública la que garantiza que esa libertad no sea un fuero reservado a unos pocos. La beca de movilidad no solo financia un traslado; abre la posibilidad de descubrir y desplegar un talento que de otro modo quedaría latente o reservado.

El intercambio le da un despegue a la cabeza del investigador: intenciona el interés por un problema teóricamente denso, ofrece nuevas herramientas para narrar(se) y transforma el tema de investigación en una conversación viva. Cuando la universidad pública sostiene estas iniciativas (incluso a pulmón), no solo atempera las desigualdades estructurales sino que también le da lugar a un salto cualitativo en la subjetividad académica de quien viaja.

6. Lo local interconectado

El intercambio no termina cuando el avión vuelve a aterrizar. Ahí empieza la parte más difícil de explicar. Más allá del avance en nuestros planes de estudio, en aquellos meses tejimos nuevas redes de amistad, nos desenvolvimos en otros idiomas, nos sumergimos en una cultura diferente y recorrimos lugares que ampliaron nuestra visión del mundo. Sin embargo, hay un hilo que este ensayo no desarrolla y que anotamos como horizonte de trabajo: el modo en que las preocupaciones del mundo sociopolítico se tensan internacionalmente.

Lo que se discute en las aulas de Pisa no es ajeno a lo que se discute en nuestras universidades. El funcionamiento dual del mercado de trabajo. El lugar de las personas migrantes en las economías locales. La inserción laboral de las mujeres. El efecto de la automatización sobre el empleo. El crecimiento de las nuevas derechas. Son los mismos fenómenos discutidos con otros datos y otro vocabulario. Nos resultó llamativo y a la vez esperable encontrar en la bibliografía europea preguntas que veníamos haciéndonos con material argentino.

Esa constatación no es un hallazgo sino un punto de partida. La internacionalización no vale principalmente por lo que se trae de afuera. Vale por lo que permite ver de nuevo sobre lo propio. Y el intercambio, para ser tal, tiene que ser de ida y de vuelta: la vitalidad de la organización popular argentina es un objeto de interés académico en Europa y no solo al revés.

Sobre eso volveremos en próximos textos. Acá alcanzaba con dejar sentado que un intercambio no empieza cuando el avión despega. Y que las tres condiciones que lo hacen posible, el tiempo, la red y la institución, son cuestiones públicas.

* Guido Carlana es maestrando en Políticas Públicas y Gobierno, Universidad Nacional de Lanús (UNLa) guidocarlana@gmail.com

** Guadalupe Alcalá es doctoranda en Ciencia Política, Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) guadaalcala22@gmail.com

Notas

  1. ANSA Latina, Pisa vive un boom de turismo extranjero, Economía, 5 de abril de 2025. https://www.ansalatina.com/americalatina/noticia/economia/2025/04/05/pisa-vive-un-boom-de-turismo-extranjero_8a51754a-71bb-4fca-befb-c650f50f01d8.html ↩︎
  2. TNE-DESK (Developing Shared Knowledge in Innovative Materials and Digital Transformation for Sustainable Economy and Green Transition) fue un proyecto de educación transnacional liderado por la Universidad de Bari e integrado por 68 instituciones de América Latina y los Balcanes Occidentales, financiado por el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia de Italia y gestionado por el Ministerio de Universidad e Investigación (MUR). ↩︎
  3. La beca cubría parte del pasaje y un aporte para alojamiento y manutención, con exención de matrícula; el seguro médico y la visa corrían por cuenta del estudiante. Las propias bases advertían que había que contar con fondos propios para el pasaje y los primeros gastos mientras se tramitaba la cuenta de destino (Bases de la convocatoria TNE-DESK, UNLa, 2025). ↩︎
  4. Las bases puntuaban cinco criterios: antecedentes, plan de estudios y su pertinencia con los objetivos del proyecto -el de mayor peso-, idioma, experiencia previa de investigación en el exterior y cartas de recomendación. Convocatorias: UNLa, https://www.unla.edu.ar/novedades/convocatoria-para-estudiantes-de-posgrado-beca-para-cursar-en-la-universidad-de-pisa-italia ; UNSAM, https://noticias.unsam.edu.ar/2025/03/25/becas-proyecto-desk-para-cursar-un-cuatrimestre-en-la-universidad-de-pisa-italia/ . ↩︎

Cómo citar este artículo: Carlana, G. y Alcalá, G. (16 de octubre del 2026). Las tres patas de una movilidad: tiempo, redes e instituciones en la internacionalización de la universidad pública. Investigación en Movimiento. https://investigacionenmovimiento.unla.edu.ar/las-tres-patas-de-una-movilidad-tiempo-redes-e-instituciones-en-la-internacionalizacion-de-la-universidad-publica/

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