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Ciencia e investigación de la UNLa

Arturo Jauretche, pensar “lo Universal sí, pero no lo Universalista”

A cincuenta años de la muerte de Arturo Jauretche

“En el orden de la cultura y de los valores seguimos pidiendo permiso a Francia para abrir un libro. Cuando las obras de Jauretche circulen por los colegios nacionales y Universidades con la misma profundidad con que hoy circulan obligatoriamente tantos ladrillos encuadernados, podrá decirse que el reflejo intelectual de las patriadas y de los ideales nacionales ha entrado por fin en la formación de las nuevas generaciones argentinas” Jorge Abelardo Ramos

“Jauretche es un pensador que se adelantó a su tiempo, y no se hizo un clásico universal porque no era europeo. Formuló una teoría del conocimiento antes que Paulo Freire difundiera su Pedagogía del Oprimido, antes que Franz Fanon hiciera su parte con Los condenados de la tierra, antes que Armand Mattelart y Ariel Dorfman, que Marshall Mac Luhan y Noam Chomsky le pusieran título a  la manufactura de los consensos. Antes que Michael Foucault describiera la socialización por los recursos represivos del Estado, Jauretche ya había definido los mecanismos y la intelligentzia que constituyen la “superestructura cultural del coloniaje” Arturo Peña Lillo

1- Introducción

Diego Eloy Ramírez, publicó recientemente un muy buen libro sobre el historiador y Pensador Nacional, Norberto Galasso (Buenos Aires, 1936), titulado “El último maldito. Conversaciones con Norberto Galasso” (Ramírez, 2023). En unas de las conversaciones transcriptas, Galasso comenta el momento en donde conoció “al Pensamiento Nacional”.  Fue en una charla sobre Cultura con periodistas, escritores y políticos desarrollada en el teatro Fray Mocho, entre el 59´ y el 60´, donde encontró al Pensador Nacional, escritor y político, Arturo Jauretche (Lincoln, 1901-1974), sentado al lado del filósofo y Pensador Nacional, Juan José Hernández Arregui (Pergamino, 1913-1974). Dice Galasso:

“Cerca de donde yo estaba sentado había dos hombres –uno con mirada seria– esos hombres eran Juan José Hernández Arregui y Arturo Jauretche. Fue ahí que los dos increparon a los expositores tildando sus miradas como europeizantes y elitistas. Una de las que había hablado, Luisa Mercedes Levinson, escritora del diario La Nación, queriendo refutar las imputaciones dijo: “No, señor, yo he recorrido el país. Hace poco regrese de las Cataratas del Niágara, nuestra gran belleza natural.” Jauretche no le dejó pasar su error: “¡Si será cipaya! ¡Esta es la mejor prueba de su mentalidad colonial!”, gritó don Arturo. La señora Levinson había querido decir Cataratas del Iguazú.” […] Tiempo después, en 1961, fui a una primera charla en Plaza Italia. La recuerdo muy bien porque fue un quiebre para mí. Me faltaban tres o cuatro materias para recibirme de contador. Ahí, Jauretche habló de FORJA[1], de la cual yo sabía poco y nada hasta ese momento.

En esa charla, Jauretche hace referencia a un amigo de FORJA, Manuel Ortiz Pereyra. Cuenta que le habían dicho un día: “Dígame, ¿Por qué dicen que en Argentina llueven riquezas y los argentinos estamos todos secos? Porque la Argentina esta techada. Y tiene dos canaletas. Una que va a Londres y una que va a Nueva York. [respondió Ortiz Pereyra].” […] “En esa anécdota encontré dos cosas: Una, el imperialismo, y la otra, la redistribución del ingreso, pero explicadas de manera muy simple. […] El impacto fue tan grande que de Plaza Italia me fui caminando por la Avenida Santa Fe quince cuadras, pensando cómo había perdido tanto tiempo cursando en la facultad si nadie nunca me había dicho dos cosas tan sustanciales como lo era la distribución de la riqueza y la Cuestión Nacional de manera real y concreta. (Ramírez, 2023, pp. 30-31).

Hay varias formas de intentar comprender al mundo que a uno lo rodea, aquello que a veces lleva el nombre de “cotidianidad”. En algún momento entre el siglo XIX y el siglo XX, con la profesionalización de las ciencias, pero también con una mayor institucionalización de la enseñanza, con más escuelas, institutos y universidades, el conocimiento del mundo quedo, aparentemente, alejado de la cotidianidad. De los quehaceres domésticos, de los saberes que heredamos por vía oral de nuestros abuelos/as. Fermín Chávez pone de relevancia, en contraposición a la noción iluminista que sostiene que el único conocimiento válido es el que emana de la razón (europea, vale la aclaración), que muchas veces las imposiciones de la colonización pedagógica se rompen por en la experiencia práctica. (Chávez, 1994) Acontecimientos, ya sea individuales o colectivos, que en algún momento resultan un cimbronazo en nuestras vidas y llevan a replantearnos esas ideas que habían calado profundo en nosotros.

El impacto que sufrió aquella tarde Norberto Galasso es probable que tenga que ver con todo ello. Jauretche con una metáfora bien hogareña, con una chapa y dos canaletas, le demostraba al auditorio, dice Galasso: “dos cosas tan sustanciales como lo era la distribución de la riqueza y la Cuestión Nacional.”

Jauretche, cuenta, en uno de sus libros de memorias: Pantalones cortos (1972), escribe:

“Desde mi infancia, recuerdo cómo se nos embanderaba en las cosas ajenas. Era un niño, tal vez un poco precoz y por eso alcanzo a rememorar las pasiones que se agitaron con la guerra ruso – japonesa [1904-1905] y después, con las Balcánicas. Más tarde, con la guerra ítalo-turca [1911-1912]. Aún recuerdo a un compañerito muerto de una pedrada en el ejército italiano que combatía con el ejército turco en las calles de mi pueblo y me duele el absurdo final que quizás me impactó para siempre. En cambio, nunca nos apedreamos por federales o unitarios, ni defendimos una esquina suponiendo que defendíamos el Paso de Obligado frente al invasor extranjero”. (Jauretche, 1972, p. 26)

Ya en su infancia Jauretche descubre que algo estaba mal con la forma de ver y de vernos en el universo, de nuestro “ser en el mundo”. ¿Qué lugar tenemos en este universo? ¿Qué importancia tienen los sucesos de otras partes en nuestra vida? Por ejemplo: ¿Qué hace que un niño de Lincoln, en la Provincia de Buenos Aires, muera de una pedrada defendiendo a Italia y que otro, también un pequeño de Lincoln, lo ataque por responder al grupo que simpatiza con Turquía en una guerra que se produce a cientos de kilómetros de la llanura pampeana? El recuerdo termina con una reflexión en donde Jauretche afirma que nunca se habían apedreado por temas propios, por cuestiones nacionales. Esta forma de razonar partiendo de las diversas experiencias y vivencias es una constante en el pensamiento jauretcheano que lo acompaña a lo largo de toda su vida. En este punto, algo central: la construcción de una mirada propia que se base en nuestros intereses, este no embanderarse afuera para hacerlo adentro.

Ahora bien, si nuestros problemas no merecen la atención que sí merecen los temas ajenos, será como canta el jamaiquino Peter Tosh (1944-1987) “que el mundo no fue hecho para nosotros”, aunque como dice la misma canción en otra parte: “así y todo, nosotros existimos” (Tosh, 1977). Verdadera paradoja: ¿Cómo es posible que estando no estamos en el universo? ¿Cómo es posible que no podamos hablar de temas tan cercanos como lo es nuestra cultura, costumbres y tradiciones con las palabras que utilizamos todo el tiempo, todos los días? La ruptura con la cultura nacional, la historia, las tradiciones, al fin y al cabo elementos centrales en la conformación de nuestra identidad es uno de los objetivos centrales de las potencias imperialistas, dejar a los pueblos sin esas “barreras defensivas” para la imposición del vasallaje.

Repasemos. ¿Qué lugar tenemos nosotros en la historia universal? En otras palabras, ¿Cuál es la periodicidad que aparece aún hoy en los manuales de escuela primaria, secundaria universidades y en Wikipedia?

En primer lugar, comienzan a hablar de los procesos históricos de la humanidad tras la llamada Revolución del Neolítico. El proceso que se inicia hace unos 10.000 a 9000 años, en donde grupos humanos ubicados en el continente africano pasan de ser recolectores y cazadores a ser productores de alimentos (siembran y cosechan el alimento además de aprender a criar de animales). Luego, la cronología continúa con la edad antigua, que comienza con la aparición de la escritura hace unos 3500 años a.C.  En otras palabras: la prehistoria de aquí en más será el terreno para aquellos pueblos que no desarrollen la forma de comunicación escrita. Serán “pueblos sin historia” como señala el antropólogo alemán Eric Wolf. La Edad Antigua se origina en la Mesopotamia y Egipto, con las primeras formaciones urbanas, “la revolución urbana” que menciona el historiador Mario Liverani. La antigüedad finaliza con la caída del Imperio Romano de Occidente en 476 a.C. tras la invasión de los “barbaros” del Este. La caída de Roma, según esta lectura, da comienzo a la edad más oscura de todas para la humanidad, la llamada Edad Media o Feudal[2], que debería terminar en el 1492, el momento en el cual los europeos “descubren” América. Sin embargo, no hay una posición definida sobre el tema, algunos historiadores sostienen que la caída del Imperio Romano de Oriente en 1453 debería marcar el corte o la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg en 1450. En resumen, la aparición de América no ha sido considerada como un acontecimiento trascendental para la humanidad[3], no ha logrado la unanimidad de los historiadores, por lo cual la Edad Moderna o modernidad tiene tres comienzos diferentes según a quien se lea. Puede ser 1492, 1450 o 1453. La modernidad finaliza con la Revolución Francesa de 1789, dando inicio a la Edad Contemporánea, que estaríamos transitando hasta nuestros días.

Como puede observarse, las edades históricas de la humanidad son en realidad edades históricas que no atraviesan a toda la humanidad, ni siquiera a la mitad de la humanidad, sino que sus principios y finales se encuentran determinados por Europa y sus vecinos. Como escribió el historiador francés Fernand Braudel, es la historia del mediterráneo y sus contornos.

Comencemos nosotros ahora. En América la revolución del Neolítico no se produjo hace 10.000 o 9000 años. Tampoco nos vimos afectados por la Revolución del Neolítico de las comunidades africanas, sino que los recolectores y cazadores que cruzaron el estrecho de Bering, entre Rusia y Alaska hace unos 15.000 años, desarrollaron tiempo después su propia revolución del Neolítico. En consecuencia, los habitantes de nuestro continente lograron por sí solos el paso de una economía recolectora a otra productora de alimentos hace unos 7000 a 5000 años. Específicamente, los arqueólogos hallaron vestigios de comunidades humanas sedentarias en el Valle mesoamericano de Tehuacan, pero también en la cordillera de los andes las comunidades andinas desarrollan la domesticación de plantas y animales bajo relaciones sociales de producción y técnicas inéditas para la humanidad, como los casos de la comunidad ejidal en Mesoamérica o el ayllu en los Andes.

Continuemos. En nuestro continente, los primeros grandes centros urbanos surgen hace 1700 a 1100 años, mientras que las organizaciones estatales centralizadas políticamente en grandes extensiones territoriales aparecen entre hace 1100 a 500 años. No tuvimos la misma cronología que la “humanidad”. No tuvimos feudalismo y nuestra entrada a la modernidad, no fue moderna para nosotros.

Entonces, deberíamos completar el incompleto razonamiento del escritor Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-1986) quién en: El escritor argentino y la tradición (1951), afirma: “que no debemos temer y que debemos pensar que nuestro patrimonio es el universo; ensayar todos los temas, y no podemos concretarnos a lo argentino a lo argentino para ser argentinos: porque o ser argentino es una fatalidad, y en ese caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino es una mera afectación, una máscara”. Completemos. Ser argentino no es una afectación ni una máscara, la fatalidad es pensar que los valores, sentidos, categorías, conceptos y la historia de la humanidad que han escrito unos cuantos seres del Atlántico Norte son valores, sentidos, categorías y conceptos válidos para todo el universo, y peor aún, la verdadera tragedia de Borges se encuentra en creer que nos han reconocido o ubicado en algún lugar de aquel “supuesto universo”, de allí quizás sus esfuerzos por narrar historias ajenas, como en el caso de su Historia de la eternidad (1936), Historia Universal de la infamia (1954) o en el: El libro de arena (1975) probablemente aspirando a ser aceptado en ese exclusivo club, anhelo que ha logrado por su genialidad, sin dudas, como también por haber dejado su cuerpo en la fría Ginebra.   

Vale recordar que Borges había escrito un prólogo al libro de Jauretche “El Paso de los Libres. Relato gaucho de la última revolución radical” (lo que años más tarde va a negar enfáticamente), en el cual reivindica el texto gauchesco de Don Arturo. Resulta que Jorge Luis en su juventud había reivindicado al “Restaurador de la Leyes”, al gaucho, las tradiciones populares, había apoyado al yrigoyenismo, incluso escribe algunos poemas a la revolución rusa, escribiendo libros que podríamos en marcar dentro de la tradición nacional, no obstante hay un punto de quiebre, el cual uno de sus biógrafo: Norberto Galasso, ubica en 1935 con la publicación de “Historia de la eternidad”, justamente el mismo año de la creación de FORJA, agrupación de la cual Borges casi llega a ser miembro, sin embargo como manifiesta Homero Manzi “hubiese resultado demasiado incompatible que un militante forjista –y por tanto, enemigo de la oligarquía y del imperialismo británico- participase en los tés de los domingos en la casona de Victoria Ocampo”. (Galasso, 2012: 114)

Volviendo a Jauretche, en otro libro, Los profetas del odio y la yapa. La colonización pedagógica (1957), cuestiona la idea de cultura. El planteo es lógico, si ser culto implica rechazar nuestra realidad entonces no tiene sentido ser culto. Incluso para el Pensador Nacional existe, dice, “la necesidad de un pensamiento agresivo” hacia “los cultos” y esa idea de cultura que ellos promueven. Escribe Jauretche:

“De aquí que la crítica a una “cultura” establecida sobre dichas bases, consiste en el primer paso para restituir los valores sumergidos de la cultura canonizada, preexistente o con posibilidades de nacer. La palabra cultura pierde su acepción aséptica para transformarse en una política cultural opuesta a la política cultural que se nos presenta como “cultura”. Es una beligerancia imprescindible para obtener la síntesis como pretensión de seguirnos imponiendo una cultura marginada de toda elaboración propia. Así, en la Argentina, el establecimiento de una verdadera cultura lleva necesariamente a combatir la “cultura” ordenada por la dependencia colonial.” (Jauretche, 1967: p. 145-146)

Una anécdota que cuenta Jauretche en la década del 60 grafica bien esta cuestión y pinta de cuerpo entero al linqueño:

«En un momento, el tema que concentró la atención de los cincuenta o sesenta comensales era Pushkin. Yo entonces, por humorada, pregunté quién era Pushkin, con lo que ratificaba la opinión general sobre la calidad del caletre de un yrigoyenista. Mis compañeros se miraban unos a otros, o me miraban con lástima o indulgencia, diciéndose: .. ¡Qué bárbaro no sabe quién es Pushkin». Al fin uno de ellos, apiadado, me informó, de que se trataba de un gran escritor ruso. Entonces me dirigí al concurso diciéndoles: -«Quiero imaginar que esta mesa estuviera en la vecindad de un mercado de Moscú, y que los comensales fueran estudiantes rusos: ¿creen ustedes que uno solo de los rusos sabría quién es José Hernández?, yo me niego a saber quién es Pushkin». (Jauretche. Cit. Galasso, 2003 -Tomo 1-: 146)

2- De reformista y aliadófilo a nacionalista e yrigoyenista 

El principal biógrafo de Jauretche, el historiador Norberto Galasso, en su sustancioso estudio sobre su vida y obra en dos tomos: Jauretche y su época (1985), marca una serie de episodios que van definiendo las ideas del Linqueño. La escuela, las inclinaciones políticas hacia el conservadurismo de sus maestros y familiares más “los aires de intelectual” lo llevaran a navegar (y naufragar) en aguas ajenas. Afirma Jauretche, “entre mal pisado, como todos mis contemporáneos medio leídos”.

Entre 1914 y 1918 escucha las arengas de Alfredo Palacios, Leopoldo Lugones y Ricardo Rojas que lo llevan a forma parte de los ataques a la sede del Club alemán durante la fiebre aliadófila de la Gran Guerra. También se suma a las críticas por la neutralidad sostenida contra el Presidente Hipólito Yrigoyen. Durante los años 1918 y 1919 se suma a las propuestas de los reformistas universitarios, dice Jauretche: “de centro izquierda y anti populares”, con este grupo conoce por primera vez al caudillo popular radical, escribe:

“El 12 de septiembre de 1919 una comisión de nueve jóvenes ingresa en la Casa Rosada a discutir, mano a mano, con el Presidente de la Nación, los problemas del Colegio [Nacional de Chivilcoy donde estudiaba Jauretche, que también se vio influenciado por el movimiento Reformista de Córdoba y sus estudiantes piden entre otras cosas, remover algunos docentes y modificar los contenidos de las materias]. […] Ahí va Julio V. González, Presidente de la Federación Universitaria Argentina, más tarde dirigente del Partido Socialista, Julio A. Noble, por la FUBA, y varios muchachos de Chivilcoy: Carlos P. Lamon, Pedro Elgoyhen, Francisco Muñoz Rizzi, Juan. B. Peña, Francisco A. Marino, Aldo R. Piega…y Arturo Martín Jauretche” (González, 1922, p. 145).   

Según Norberto Galasso, las traiciones a las ideas de la Reforma Universitaria perpetradas por los mismos reformistas, se empalma con el impacto que causa en el joven Jauretche la Revolución Mexicana, con sus ejércitos de campesinos e indígenas liderados por Emiliano Zapata[1]. Además, en el ámbito personal, sufre una crisis económica familiar, que hace derrumbar las abstracciones teóricas de aquel mundo intelectual. En síntesis, hacia la segunda década del 20´, Jauretche comienza, primero desconfiar, y luego a elaborar un pensamiento descolonizador. Habla de un desdoblamiento entre la realidad y la teoría que él observa en el tipo de conocimiento que se imparte en la escuela desde niños. Escribe:

“La escuela no continuaba la vida sino que abría en ella un paréntesis diario. La empiria del niño, su conocimiento vital recogido en el hogar y en su contorno, todo eso era aporte despreciable. La escuela daba la imagen de lo científico; todo lo empírico no lo era y no podía ser aceptado por ella; aprender no era conocer más y mejor, sino seleccionar conocimientos, distinguiendo entre los que pertenecían a la “cultura” que ella suministraba y los que venían de un mundo primario que quedaba más allá de la puerta…era la preferencia de Sarmiento por la montura inglesa, olvidando que el recado era una creación empírica nacida del medio y las circunstancias. Entre desencuentro entre la escuela y la vida producía un desdoblamiento en la personalidad del niño: ante los mayores y los maestros, se esmeraba en parecer un escolar cien por cien; frente a los compañeros y fuera de los límites de la escuela, defendía su yo en una posición hostil a lo escolar, como un pequeño Frégoli[2] que estuviera cambiándose constantemente el paquete traje de los domingo y las ropitas de entrecasa”. (Jauretche, 1972: p. 41)    

Otro elemento potenciador para la elaboración de su pensamiento nacional y descolonizador es el encuentro con el poeta, político, guionista y director de cine, periodista y autor de varios tangos y milongas, Homero Manzi (Añatuya, Santiago del Estero, 1907-1951). Galasso recupera una entrevista que Jauretche le dio a Aníbal Ford, en donde explica que es gracias a Homero Manzi que logra comprender la dimensión nacional y popular del yrigoyenismo. Dice Jauretche:

“Mucho de mí yrigoyenismo se lo debo a Manzi…Yo era nuevo en el yrigoyenismo. Él era, antes que yo, yrigoyenista. Él me dio una de las explicaciones más orgánicas, tal vez, más poéticas del caudillo…Sí, posiblemente es el aporte que más contribuyó a consolidar mi yrigoyenismo, que había sido producto de una evolución puramente intelectual en el primer tiempo. Yo no llegué a Yrigoyen por Yrigoyen sino por la comprensión de lo popular. Yrigoyen, para mí, era válido como expresión de populismo. Le debo a Homero la comprobación, la constatación del valor de Yrigoyen por Yrigoyen mismo…En realidad yo soy un populista. Frente al fracaso de ideologías, constante en América, cosa que empecé a percibir con el fenómeno mejicano, empecé a comprender el fenómeno de los caudillos…Era subsidiariamente yrigoyenista. Primero populista, luego yrigoyenista. Le debo a otros, pero, en especial, a Homero Manzi, la comprensión del caudillo, del individuo Hipólito Yrigoyen y lo que significó…Manzi estaba muy madurado, maduró temprano”. (Jauretche, 1972: p. 46)

En 1930 se produce el golpe cívico militar a Yrigoyen liderado por Félix Uriburu, Jauretche es suspendido y encarcelado. En 1933 Forma parte de un intento de insurrección contra las fuerzas del régimen fraudulento y corrupto de “la Concordancia” manejado por Agustín P. Justo. El acontecimiento lo comentara en forma de poema gauchesco él mismo Jauretche, dejando memorables versos como:

“Así anda el pueblo de pobre / como milico en derrota / le dicen que sea patriota / que no se baje del pingo / pero ellos con oro gringo / se están poniendo las botas (…) Esos negocios los hacen / con capital extranjero / ellos son los aparceros / y aunque administran la estancia / casi toda la ganancia / la llevan los forasteros (…) A la Patria se la llevan /con yanquis y con ingleses / al pueblo mal le parece / pero se hacen los que no oyen / desde que falta Yrigoyen / la han sacado de sus trece…”. (Jauretche, 1960: p. 64)

El levantamiento fracasa y vuelve a ser encarcelado. Un par de años después forma junto a otros nacionalistas e yrigoyenistas, la Fuerza de Orientación de la Joven Argentina (FORJA), la primera fuerza concreta de orientación nacional y popular en Argentina, verdadero puente teórico, ideológico y cultural entre los dos grandes movimientos de masas nacionales: el yrigoyenismo y el peronismo (Godoy, 2015)     

Epistemología Jauretchena

Uno de los desarrollos y legados principales de Arturo Jauretche lo constituye entonces, la elaboración de una epistemología propia, apuntando a construir una forma de pensar las diversas problemáticas. En sus diversos análisis y aportes al pensamiento nacional podemos observar un esquema de pensamiento desde el cual abordar los diferentes problemas. Jauretche reflexiona en función de nosotros mismos y nuestros propios intereses, rompiendo la manía de imitación, la importación acrítica de esquemas ajenos a la realidad nacional. Se trata de la ruptura de la conformación por parte de los instrumentos de colonización pedagógica de una mentalidad que enseña a pensar los problemas a contramano de las necesidades nacionales. Nuestro pensador expresa al respecto que, escribe Jauretche:

“la mentalidad colonial enseña a pensar el mundo desde afuera, y no desde adentro. El hombre de nuestra cultura no ve los fenómenos directamente sino que intenta interpretarlos a través de su reflexión en un espejo ajeno, a diferencia del hombre común, que guiado por su propio sentido práctico, ve el hecho y trata de interpretarlo sin otros elementos que los de su propia realidad”.(Jauretche, 1983, p. 112).

Jauretche da cuenta de un problema que él encuentra arraigado en el mundo universitario, intelectual, en definitiva, en los espacios de conocimiento institucional, relacionado con la tendencia a “universalizar” los hechos y sus consecuencias, “categorizarlos” para luego estudiarlos y compararlos con otros hechos ocurridos en otros lugares del mundo. En cambio, el autor de “los profetas del odio y la yapa” vincula la construcción de categorías a la realidad y necesidades nacionales. No se trata, de todas formas, de construir categorías en términos abstractos, como una elaboración mental aislada de la realidad, sino que en su enfoque apunta a la construcción de ideas partiendo de la realidad, vale decir construyendo un pensamiento situado. De allí, que la idea de lo cotidiano, de las anécdotas o experiencias de vida que se exponen en sus textos e intervenciones son las que le dan sustancia a las categorías que él propone para comprender nuestra realidad.

Tomemos un ejemplo ubicado en las antípodas de esta lógica, el caso del galés Raymond Williams (Llanfihangel Crucorney, 1921-1988), ya que buscó siempre categorías no universales sino “universalistas” (aptas para ser tomadas en las demás regiones del planeta), y además, quien se preocupó, como Jauretche, a lo largo de su vida por temas vinculados a la cultura, los discursos y las teorías sociológicas que trataron de comprender los hechos sociales. Raymond Williams probablemente llamaría de otra forma a aquello que según Jauretche es tener “una mentalidad colonial”. En uno de sus trabajos dedicados a los estudios de las formas culturales, definió dos tipos de culturas: las culturas residuales y las culturas emergentes. Dice Williams:

“Por residual me refiero a algunas experiencias, significados y valores que no pueden ser verificados o expresados en los términos de cultura dominante y que son, sin embargo, experimentados y practicados sobre la base del residuo (tanto cultural como social) de alguna formación social previa. Podemos encontrar un caso real de esto en ciertos valores religiosos, en contraste con la muy evidente incorporación de otros significados y valores religiosos al sistema dominante. Lo mismo vale, en una cultura como la británica, para ciertas ideas derivadas de un pasado rural que ostentan una popularidad muy significativa. Una cultura residual se encuentra, por lo general, a cierta distancia de la cultura dominante, pero hay que reconocer que, en las actividades culturales reales, puede ser incorporada a ella. Esto sucede porque alguna parte de ella, o alguna versión de ella debió ser incorporada para la cultura dominante tuviese sentido en esas áreas. (Williams, 2012: p. 62).    

El análisis de Raymond Williams es, probablemente, muy valioso para estudio de los fenómenos culturales en Inglaterra, Gales o Escocia. Sin embargo, ¿Cuál sería el residuo para nosotros? ¿Nuestros abuelos con sus prácticas e historias orales de su pasado en las Pampas, Sicilia o el Líbano? Incluso, ¿Cómo pensar lo residual si el residuo, en el caso por ejemplo de las montoneras de Vicente “Chacho” Peñaloza ya fue eliminado? Y todo ello sin considerar siquiera el hecho imperial, la mentalidad colonial de la que habla Jauretche. Un repaso a vuelo de pájaro demuestra rápidamente que en lugares como el nuestro, el tema cultural no puede ser analizado con un criterio “universalista”.  

Desde sus años forjistas, Jauretche remarcaba que a los problemas nacionales hay que enfrentarlos también con un criterio nacional. Jauretche busca romper con la tradición de nuestra “elites intelectuales”, o como él llama, de nuestra: intelligentzia.

Para Jauretche la intelligentzia es el fruto de la colonización pedagógica por cumplir la función de transpolar los valores falsamente universales (valores de la OTAN) en valores nacionales, invisibilizando la dominación colonial. Toma una extensa cita del libro Crisis y resurrección de la literatura argentina (1954) del ensayista, historiador, pensador y político Jorge Abelardo Ramos (Buenos Aires, 1921-1994), que dice:

“En las naciones coloniales, despojadas del poder político directo y sometidas a las fuerzas de ocupación extranjeras, los problemas de la penetración cultural pueden revestir menos importancia para el imperialismo, puesto que sus privilegios económicos están asegurados por la persuasión de su artillería. La formación de una conciencia nacional en ese tipo de países no encuentra obstáculos, sino que, por el contrario, es estimulada por la simple presencia de la potencia extranjera en el suelo natal… En la medida que la colonización pedagógica —según la feliz expresión de Spranger, un imperialista alemán— no se ha realizado, solo predomina en la colonia el interés económico fundado en la garantía de las armas. Pero en las semi-colonias, que gozan de un status político independiente decorado de ficción jurídica, aquella ‘colonización pedagógica’ se revela esencial, pues no dispone de otra fuerza para asegurar la perpetuación del dominio imperialista, y ya es sabido que las ideas, en cierto grado de evolución, se truecan de fuerza material. De este hecho nace la tremenda importancia de un estudio circunstanciado de la cultura argentina o pseudo-argentina, forjada por un siglo de dictadura espiritual oligárquica… La cuestión está planteada en los hechos mismos, en la europeización y alienación escandalosa de nuestra literatura, de nuestro pensamiento filosófico, de la crítica histórica, del cuento y del ensayo. Trasciende a todos los dominios del pensamiento y de la creación estética y su expansión es tan general que rechaza la idea de una tendencia efímera. En este sentido es que legítimamente puede hablarse de una verdadera devastación espiritual de las nuevas generaciones intelectuales” (Jauretche, 1967: p. 144-145)

Jauretche, como Jorge Abelardo Ramos o como el mencionado filósofo y psicólogo alemán Eduard Sprangler (Berlín, 1882-1963), se preocupa por señalar que no hay dos culturas en un mismo país. Más bien, hay una cultura nacional que emerge desde las tradiciones, lo cotidiano, la historia, en definitiva, lo preexistente; y otra que es ajena, impostada, falsa, imperial. Sprangler hacia 1918, preocupado por lo que observaba como un avance de la cultura francesa en los ámbitos culturales y políticos alemanes de su tiempo, alertaba: “la cultura es la parte vital de una Nación y una cultura necesita de hombres capaces para sostenerla, son su sangre, sus fibras y venas.”

En resumen, Jauretche habla de un sector que bajo el esquema sarmientino reproduce acríticamente las ideas elaboradas en otra realidad, y sostienen un profundo desconocimiento (cuando no desprecio), por las propias. Vale destacar que no se trata de una reducción a las ideas germinadas en el territorio nacional dejando de lado cualquier otra, sino que se llama a rechazar es la importación sin el tamiz de la realidad local. Se busca que las ideas tengan correspondencia con las necesidades nacionales, con la solución de nuestros problemas. Mirar la realidad con ojos nacionales, construir un pensar desde esa óptica se revela una cuestión central en una nación semi-colonial, ya que la estructura dependiente de éstas se asienta en el orden de la cultura. La mirada colonial penetra y vuelve invisible la dependencia, cuando no lleva a su justificación. Por eso, una, escribe: “tarea fundamental es aportar al pensamiento argentino el método y los modos de conocer nuestra realidad y señalar los rumbos necesarios de una política nacional”. (Jauretche, 1976: 29)

Revisionismo histórico

La política y la historia tienen un vínculo muy estrecho, podemos decir sintéticamente que la visión que un sujeto tiene del pasado es parte de la construcción de la identidad tanto individual como colectiva, y por tanto se relaciona también al posicionamiento político en el presente. En este sentido, y entendiendo que el pensamiento nacional y latinoamericano implica no sólo un posicionamiento en epistemológico, en torno a la forma de construir categorías e ideas, sino que también se trata de la construcción de un posicionamiento político revisar el pasado resulta como una cuestión nodal. Vale decir, la matriz de pensamiento nacional y latinoamericana no es aséptica o a-valorativa, más bien apunta a develar la dependencia, pero no como un ejercicio intelectual sino apuntando a demolerla y construir en su lugar una Patria con Independencia Económica, Soberanía Política y Justicia Social.

No casualmente entonces uno de los temas sobre los que Jauretche pone la lupa es la cuestión de historia y su vínculo con la política. Principalmente lo realiza a través de uno de sus libros (aunque también en otros, como en conferencias, artículos, etc.), a saber: “Política Nacional y revisionismo histórico”. Al linqueño no le interesa revisar nuestro pasado, “la historia que nos contaron”, como una forma de entretener la mente o meramente encontrar falsedades en el mismo, sino que su interés radica principalmente en revisar la historia para sustentar una política nacional. Argumenta el mismo que, dice: “no hay política nacional sin historia revisada, porque el cipayo y el vende patria son consecuencias lógicas y hasta prestigiosas en una historia que ha condenado la política nacional y glorificado la sumisión al extranjero”. (Jauretche, 2008: 84)

Destaca Jauretche que la historiografía oficial-liberal, el relato que construyó la misma fundamentalmente en el periodo post-Caseros y Pavón, se encuentra falsificado. Vale llamar la atención sobre esta noción de falsificación de la historia en Jauretche entendiendo que la misma no se define porque la historia de Mitre y compañía, continuada más acá en el tiempo por las “flores de Romero” contenga tergiversaciones, ocultamientos o falsedades, sino más bien se define por la pretensión de “objetividad” y sobre todo desde allí, la de ser el único relato posible de nuestro pasado, cuando en realidad se trata del relato construido por la oligarquía nativa que busca en el pasado de la justificación de las políticas que aplican en el presente. Una visión parcial e interesada de la historia que se quiere hacer pasar por la única posible. Resalta que: “los falsificadores no fueron individuos aislados sino los instrumentos de una sistemática política del conocimiento histórico desteñida a servir la política de la oligarquía y la dependencia económica del país”. (Jauretche, 2004: 151)

El numen político forjismo pone en consideración que lo que existe en términos reales es una política de la historia, entendiendo entonces que, dice:

 “no es pues un problema de historiografía, sino de política: lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que ésta es solo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la Nación. Así, pues, de la necesidad de un pensamiento político nacional ha surgido la necesidad del revisionismo histórico”. (Jauretche, 2008: 16)

La óptica desde donde se miran los hechos y acontecimientos de nuestro pasado no puede entonces se la misma desde donde los enfocó nuestra elite dirigente/intelectual, se trata de indagar a lo largo de nuestra historia buscando otra puerta de entrada para este abordaje, se trata de mirar desde los sectores populares, construir una suerte de historia de la larga lucha del pueblo argentino por la emancipación nacional. En la visión jauretcheana se trata de: “una idea de Patria Grande, de finalidades trascendentes y de empresa colectiva hacia un ideal nacional, no hacia formas circunstanciales (…) en definitiva, tener una política nacional, o negarnos a nosotros mismo en una situación de dependencia económica social y cultural”. (Jauretche, 2008: 90-91) Es necesario señalar que el relato histórico constituye uno de los pilares en los que se asienta la colonización pedagógica, central en los países que limitan su independencia a la formalidad, mientras que la realidad se desenvuelve en forma dependiente.

Política nacional y Fuerzas Armadas

El pensamiento de Jauretche encuentra una preocupación nodal en relación a la necesidad de impulsar el desarrollo en los países semi-coloniales como el nuestro y la carencia de un sector clave que impulse dicho desarrollo. Ahí aparece el Estado como un organismo rector, no obstante lo cual no puede reducirse a una política estado-céntrica. Es necesaria la elaboración de una política nacional.

En la reflexión acerca de la carencia de ese actor, Jauretche observa el rol de la Fuerzas Armadas. Estas muchas veces, por sus características como sector dentro de nuestra sociedad resultan un actor dinámico en torno a esta cuestión, como asimismo desde ya en relación a la cuestión de la defensa. Se ocupa principalmente de esta temática en uno de sus mejores trabajos: “Ejército y política”.

Considerando entonces a las mismas como un actor central se preocupa por los obstáculos para su comprensión, mayormente basados en pre-juicios o más bien en esa mentalidad colonial que se conforma desde que somos pequeños y a lo largo de nuestras vidas. Así Jauretche refiere en primer lugar a la necesidad de dejar de lado el “anti-militarismo abstracto”, idea que proviene principalmente de una importación acrítica de ideas. Sintéticamente la noción que sostiene en forma abstracta (sin basarse en el análisis de nuestra realidad), que todo lo que proviene de las Fuerzas Armadas es per se negativo, que las mismas solo actúan como brazo armado a la elite dirigente.

Jauretche considera que para pensar una política en torno a la defensa nacional lo que se impone en primer lugar es lugar es diagramar una política nacional, y dentro de la misma delinear una ligada a la defensa de la Patria. Estas dos políticas son esenciales y se apuntalan mutuamente, nuestro pensador lo sintetiza afirmando que: “sin Política Nacional no hay ejército nacional y recíprocamente”. (Jauretche, 2008: 19)

Las Fuerzas Armadas también deben tomar un camino determinado, en este sentido deben preguntarse por el rol que les toca y que pretenden cumplir:

“¿es el instrumento ejecutor de una gran política, el ariete de las multitudes que empujan para construir un gran pueblo, o es simplemente un organismo de represión sin otra finalidad que mantener el orden de otros que le asignan al país un destino marginal secundario?”.(Jauretche, 2011: 80)

Es necesario conformar y consolidar una conciencia nacional en los sectores militares, entendiendo la nación ligada al pueblo. Así como también destaca que los mismos deben tener una formación política y económica profunda vinculada a una política nacional.

La política de defensa nacional y su definición no puede ser una cuestión reducida a sectores castrenses, sino que tiene que involucrar a toda la sociedad. No puede ser secreta. Así también vale destacar que es la técnica la que debe integrarse y subordinarse a una política nacional, es esta última la que le otorga sentido. Jauretche expresa en relación a esta cuestión dice:

“mientras hemos tenido algo parecido a una Política Nacional, la técnica se ha adaptado a las necesidades de ésta y no a la inversa. De Roca a Riccheri, a Vélez, a Dellepiane, al mismo Rodríguez y a los ministros de mención prohibida, nuestras instituciones armadas han visto cambiar el arte de la guerra y sus técnicas; hemos adoptado según las circunstancias las enseñanzas francesas o alemanas, renovado el material, incorporado nuevas armas, pero siempre en relación con nuestras necesidades de defensa nacional”. (Jauretche, 2008: 15) La defensa nacional debe articularse y enmarcarse en un proyecto nacional que fija los objetivos que se proponen para la nación, dando lugar a una programática política, económica, social y cultural. No se trata de una noción de defensa de la soberanía reducida a lo territorial/geográfico, sino se piensa también en lo económico, político, social, demográfica, educacional, moral, etc. Se cristaliza que la defensa no se vincula solamente a lo militar y al material bélico, sino se trata de una visión integral de la misma.

A modo de reflexión final

A cincuenta años de lo que Jorge Abelardo Ramos denominó como “el año de la peste”, porque se nos van varios nacionales, entre ellos Arturo Jauretche, damos cuenta de la profundidad del pensamiento jauretcheano y de su actualidad. Esta última viene dada por un lado porque gran parte de los problemas que describe el escritor linqueño siguen siendo los mismos, fundamentalmente porque el orden semi-colonial sigue vigente, aunque con algunas particularidades del contexto histórico que nos toca, desde ya. Jauretche discute y pone de relevancia principalmente la dependencia tanto económica como cultural. Y por otro lado, porque Jauretche construye una forma de pensar nuestra realidad, un criterio propio para abordar los problemas.

En esta última cuestión radica la originalidad  de su pensamiento, ya que lo que construye es una epistemología propia. Nos enseña una forma de razonar a partir de los problemas, la necesidad de romper la importación acrítica de ideas, a pensar/nos a nosotros mismos tanto a nivel individual como colectivo. Al fin y al cabo nos da un conjunto de herramientas para pensar el presente, pero es necesario destacar que esas ideas no son asépticas sino que tienen como horizonte la descolonización pedagógica, el fortalecimiento de la conciencia nacional y la emancipación de la patria. 

El pensamiento de Jauretche nos hace un llamado a pensar en clave nacional, romper con el elitismo clásico de los ámbitos intelectuales, estrechar lazos con el pueblo al que pertenecemos, a conocer nuestra historia, la historia de nuestro pueblo, las tradiciones nacionales, a tener cada vez más amor a nuestra patria y nuestros compatriotas de “carne y hueso”, por esto que no se puede amar lo que no se conoce, y que nadie defiende lo que no ama, pensar al país parte integrante de la gran nación hispanoamericana, a fortalecer la conciencia nacional, fortalecer el nacionalismo popular en función de romper la dependencia.

Cumplido el primer cuarto del siglo XXI la realidad Argentina y de nuestro pueblo nos duele, porque la frase que Jauretche diseña en el sótano forjista para despertar la conciencia nacional sigue vigente, como también el camino que nos marca en la misma, decía Don Arturo para finalizar:

“En el territorio más rico de la tierra, vive un pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Nuestra miseria se deba a que SOMOS UNA ARGENTINA COLONIAL. Hasta que los argentinos no recuperemos para la nación y el Pueblo, el dominio de nuestras riquezas, no seremos una Nación soberana, ni un pueblo feliz. Por ello QUEREMOS SER UNA ARGENTINA LIBRE, de todo imperialismo extranjero, cualquiera sea la ideología con que pretenda encubrir nuestra explotación. Sin ello no podrá existir libertad, Democracia y Justicia. Luche con nosotros para recuperar la patria para el pueblo argentino”. (Volante de FORJA, cit. en Godoy, 2015: 9)

*Juan Godoy es Sociólogo, Magíster en metodología de la investigación y Doctor en Comunicación. Actualmente es el Director de la Especialización en Pensamiento Nacional y Latinoamericano del Siglo XX de la UNLa y docente investigador.

**Facundo Di Vincenzo es Profesor y Doctor en Historia y Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano del Siglo XX, actualmente hace la coordinación académica de dicha Especialización y es docente investigador UNLa.

 


[1] F.O.R.J.A: La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, más conocida por sus siglas: FORJA, fue una agrupación política argentina, fundada el 29 de junio de 1935. Esta agrupación, entre 1935 y 1945 desarrolla una intensa labor política, en la cual pronuncia cerca de cuatro mil conferencias, escribe cientos de artículos, editan varias publicaciones periódicas de suerte dispar, innumerables folletos, panfletos, afiches, etc. FORJA pone de relevancia una doble denuncia: por una lado, denuncia el accionar de entrega de los diferentes gobiernos de la década infame; y por otro lado, y en relación a la primera, denuncia el accionar del imperialismo británico en la Argentina (que era el que realmente tenía injerencia en nuestro país), por primera vez en forma profunda y sistemática. Estas intervenciones tienen una homogeneidad en sus conceptualizaciones principales. Así, a partir de éstas podemos observar un conjunto de herramientas de análisis y acción política que nos permiten ordenar un corpus teórico sumamente interesante y profundo para el análisis de la Argentina Semicolonial. Rompen los forjistas con la dicotomía civilización-barbarie, donde lo civilizado es lo europeo (y/o norteamericano), y lo bárbaro es lo nativo, lo local, lo que nos define como comunidad autónoma nuestroamericana. FORJA procura enfrentar los problemas argentinos con criterio argentino. Entendiendo que dicho criterio se relaciona con la óptima de los oprimidos. Fue un movimiento profundamente original y nacional.

[2] Alcira Argumedo afirma que este largo periodo de oscurantismo del que habla la versión oficial (lo cual, decimos nosotros, también resulta discutible), que habría pasado todo el globo y toda la humanidad en realidad sería “cierto solamente para Europa porque en esos mismos siglos se desarrollaron importantes civilizaciones en China, en India, en Japón, en Indochina, en el mundo musulmán, en África negra y en la América precolombina, que alcanzaron un esplendor”. Por mencionar un ejemplo: entre el siglo XII y XVI la universidad de Timbuctu en el Imperio Mandinga de Mali tenía 9 mil estudiantes donde se estudiaban matemáticas, filosofía, medicina, astronomía, etc. (Argumedo,  s.f.)

[3] Vale destacar en este punto el trabajo medular de Amelia Podetti (2019) “La irrupción de América en la historia”.

[4] La Revolución Mexicana resulta un cimbronazo en la conciencia hispanoamericana, otro pensador que fue influido por la misma es el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, el cual destaca que esta enorme revolución social se hizo 7 años antes que la Rusa. (Haya de la Torre, 2010)

[5]Leopoldo Frégoli fue un actor, transformista y cantante italiano. Puede considerarse que con él alcanzó su madurez el género para-teatral del transformismo.    

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Juan Godoy* y Facundo Di Vincenzo**

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