Investigación en movimiento

Gerónimo Espejo y su versión acerca de la Entrevista de Guayaquil (1822)

 

Resumen

Gerónimo Espejo fue un letrado y militar, que tuvo una destacada labor en la expedición libertadora a Chile y Perú, comandada por el General José de San Martín. Durante la gesta escribió notas cotidianas que dieron forma a su libro El Paso de los Andes (1882). En Guayaquil fue edecán de San Martín, junto con Rufino Guido. Fue este quien acompañó al libertador a la entrevista con Bolívar, pero no dejó nada por escrito. Espejo recibió los pormenores verbalmente por parte de Guido y lo plasmó en sus anotaciones, que fueron fuente para publicar varios años después su libro Recuerdos históricos. San Martín y Bolívar: Entrevista de Guayaquil (1873). Este legado escrito no ha sido suficientemente explorado. Ante la relevancia del personaje y su producción historiográfica, es intención de esta investigación analizar a Gerónimo Espejo como historiador en la entrevista de Guayaquil. Espejo fue un cronista de los sucesos referidos; interpretó las intenciones de San Martín al entrevistarse con Bolívar, y precisó la veracidad de las diferentes versiones que esta entrevista generó.

Introducción

Gerónimo Espejo (1801- 1889) fue un letrado, militar, historiador y minero, que tuvo una destacada labor en la expedición libertadora a Chile y Perú, comandada por el General José de San Martín; incorporándose en su ciudad natal Mendoza a su ejército, a la edad de quince años como cadete en el arma de Ingenieros. Su vocación por las letras lo llevó a escribir un diario de sus actividades y las del campamento. Luego de tres meses en el Plumerillo, sitio base de la futura campaña, formó parte de la expedición a Chile. Esta gesta quedó plasmada en su libro El Paso de los Andes (1882). A partir de entonces y luego de su bautismo de fuego en la batalla de Chacabuco, acompañó el camino del Libertador al Perú, incluso hasta la entrevista de Guayaquil, con Simón Bolívar. En esa reunión tuvo la posibilidad de ser uno de sus edecanes principales, junto con Rufino Guido. Fue este sin embargo quien acompañó a San Martín a la entrevista, pero no dejó nada por escrito. Fue Espejo quien, habiéndose quedado en el buque Macedonia, anclado en el puerto, recibió los pormenores por parte del edecán principal y lo plasmó en sus anotaciones, que fueron fuente para publicar varios años después su libro Recuerdos históricos. San Martín y Bolívar: Entrevista de Guayaquil (1873). Este largo camino ha quedado relatado en otras producciones, como Apuntes históricos sobre la Expedición libertadora del Perú (1867); Sublevación del Callao (1865); pero por lejos fue Paso de los Andes el texto más consultado por Bartolomé Mitre y otros autores, como fuente. Es importante remarcar que su legado escrito acerca de la expedición al Perú y sobre todo la entrevista de Guayaquil, no ha sido suficientemente explorado.

En su Foja de Servicios del Ejército Argentino (1870) [1] se consigna además su función como juez, fiscal y abogado defensor, en diferentes causas de la Justicia Militar. En el mismo documento se lo menciona en el cargo de Archivero General del Archivo Nacional de la Confederación en 1856.

Dada la cercanía de Espejo a los acontecimientos referidos, y oportunamente relatados en sus trabajos, desde el Paso de los Andes hasta Guayaquil, existen numerosos autores que lo han referenciado como fuente. Cronológicamente es interesante notar que los dos líderes de las principales escuelas historiográficas argentinas: Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López se dedicaron a este tema. El primero fundamentalmente en su voluminosa obra Historia de San Martín (Mitre, 1890), y el segundo en el texto El conflicto y la entrevista de Guayaquil (López, 1884). Llamativamente, este último no lo referencia. En la misma época Adolfo Saldías lo menciona como fuente en varias oportunidades, en relación a datos militares en la guerra contra el Brasil, en su obra Historia de la Confederación Argentina (1892).

Tal condición permaneció aún en la historiografía militar contemporánea, que prosigue con su citado como fuente central de estudio de la campaña sanmartiniana (Bragoni, 2017; Soria, 2017). Su relevancia como cronista fue notoria, al punto de ser mencionada por trabajos de autores de otras nacionalidades, como De la Cruz (1914) o Jurado Noboa (1991). Estos historiadores sudamericanos han citado a Espejo en relación a sus testimonios escritos que testificaban las campañas realizadas junto a San Martín.

Espejo fue, además de militar, letrado constitucionalista de la provincia de Mendoza, congresista suplente en el Congreso constituyente de 1825 por la misma provincia, y luego diputado nacional. Su obra Proyecto de Constitución para la Provincia de Mendoza (1895) es mencionado en publicaciones actuales (Seghesso y Pérez Ghilou, 1989; Sanjurjo, 2003), que abordan una faceta diferente de él, como fue su labor jurídica. En su función de legislador presentó proyectos de ley acerca de diferentes tópicos, como la explotación de minas de carbón en las provincias andinas, o el Establecimiento de un Banco de Descuentos, Depósitos y Emisión (García Enciso, 1999).  Más recientemente Micale (2017) reposicionó a Espejo como objeto de estudio al analizar el aporte historiográfico de los diálogos entre Espejo y Mitre, así como sus libros, para la elaboración de la Historia de San Martín.

Del presente estado de la cuestión se desprende el aspecto multifacético en la vida pública de Gerónimo Espejo, que no quedó limitada a su función militar, tanto de tropa como cronista y jurista, sino como constitucionalista, legislador e historiador. Observamos que ha sido profusamente referido como fuente en diversas producciones historiográficas, pero no fue suficientemente investigado como objeto de estudio.

Ante la relevancia del personaje y su producción historiográfica, es intención de esta investigación analizar a Gerónimo Espejo como historiador en la entrevista de Guayaquil, de la cual fue testigo presencial de su generación y resultados. Es necesario comprender qué argumentos propone Espejo para justificar la decisión de San Martín de retirarse de la gesta libertadora.

Se sostiene que Espejo no sólo fue un cronista de los sucesos antes referidos, sino que también interpretó las intenciones de San Martín al querer tener enfrente a Bolívar, al tiempo que corroboró la veracidad o no de las diferentes versiones que esta entrevista generó.

Las fuentes principales para este estudio son sus textos Apuntes históricos sobre la Expedición libertadora del Perú (1867) y Recuerdos históricos. San Martín y Bolívar: Entrevista de Guayaquil (1873), además de la Foja de Servicios del Ejército Argentino (1870). En lo relativo a la metodología, este plan se basa en una investigación histórica, a partir de un método cualitativo, en la línea de historia del análisis del discurso.

La palabra entrevista está definida por la Real Academia Española como «concurrencia y conferencia de dos o más personas en lugar determinado, para tratar o resolver un negocio». De acuerdo a este enunciado, la reunión cumple con sus preceptos.

El texto ya mencionado Recuerdos históricos. San Martín y Bolívar: Entrevista de Guayaquil,podría caracterizarse como una memoria o una crónica escrita por un testigo presencial en algunos momentos, y como cronista recopilador de versiones orales de terceros que cumplieron ese rol en otros, pero que no lo dejaron ellos mismos documentados por escrito.  Memoria, al decir de Prieto (2010), no reúne las características literarias del relato historiográfico de Espejo, más cercano a la crónica, una narrativa de los hechos vividos personalmente, y prolijamente escritos y guardados. Desde esta perspectiva es posible analizar la visión de Espejo acerca la entrevista de Guayaquil, sus prolegómenos y derivaciones, a través de un enfoque de retorno de la narrativa poniendo énfasis en aspectos historiográficos políticos e individuales, relacionados a las personalidades de ambos próceres. Un regreso a la consideración de los tres ídolos: político, individuo y cronológico (Stone, 1986).

Nuestra fuente primaria para este trabajo podría caracterizarse como una biografía, o autobiografía, de un período de tiempo determinado, en el que el autor describe acontecimientos que le tocó vivir, en compañía de San Martín, desde una visión individual. Esto conforma una producción historiográfica en el formato de microhistoria, dirigida al individuo en particular, como lo describe Levy (1989). Es importante, dice este autor, aprovechar el contexto de estas biografías para completar espacios temporales con falta de documentos, comparando con otras personas, cuya vida presenta alguna analogía con el personaje estudiado.

A partir de las diferentes visiones de ambos próceres acerca de la manera en que se debería continuar con la guerra, es posible evaluar el manejo de las relaciones de poder entre ambos protagonistas (Foucault, 1968). Según este autor, «el poder se asocia a la verdad: no sólo por la fuerza de decir que no, sino que la atraviesa, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos» (1992). Por el lado de San Martín, preocupado por cumplir su meta próxima: la libertad del Perú, empresa para la cual se hacía imprescindible el apoyo militar irrestricto de las huestes de Bolívar. Para este, la ambición por anexar a Colombia la mayor extensión posible de territorio, y, además, ser el libertador en solitario de la América del Sur, sin compartir el mérito con otros. Espejo resignifica la figura del aparente perdedor en la contienda del poder, dándole luz a sus intenciones, despojadas de protagonismo e interés por la gloria personal.

Se puede asegurar con las fuentes disponibles actualmente, que no existe evidencia historiográfica que permita conocer el contenido de las conversaciones mantenidas entre Simón Bolívar y José de San Martín, entre el 26 y 27 de julio de 1822. Sin embargo, se han publicado diversas versiones acerca del temario de la misma, en relación a las circunstancias que antecedieron a la reunión, así como por las consecuencias que esta trajo, para sus protagonistas y para el devenir de los hechos históricos. Dichas especulaciones contrastan entre ellas, dependiendo de en qué lado de ambos próceres se posicione la interpretación historiográfica.

Gerónimo Espejo tiene también su versión de los hechos, producto de las fuentes, documentos, relatos y experiencias personales, vertidas en su libro ya mencionado.

La entrevista de Guayaquil. Antecedentes y consecuencias

Entre las posibles razones que llevaron a la necesidad de este encuentro, la literatura nombra a la situación geopolítica de Guayaquil; la necesidad de unir fuerzas desde el aspecto militar con el fin de concluir la guerra; y, por último, acordar la forma de gobierno para los países (estados) liberados (Mitre, 1890). Es notoria la similitud en la descripción de los temas señalados por Espejo en Recuerdos Históricos (1973). Probablemente, dada la extensa comunicación entre Mitre y Espejo durante la redacción de la biografía de San Martín del primero,  hayan compartido interpretaciones similares acerca de su génesis (Micale, 2017).

La situación política de Guayaquil era inestable. Esto lo certifica Gerónimo Espejo, quien residía en la ciudad desde unos meses antes. Luego de los triunfos libertadores de Bolívar en Colombia y Quito, y de San Martín en Chile y Lima, quedaba por completar, a finales de 1822 e inicios de 1823, la libertad de todo el territorio peruano y delimitar los estados que de estas emancipaciones resultaren. Guayaquil originalmente había pertenecido al Virreinato de Nueva Granada. Después de su emancipación, entre su población de algo más de 70 mil habitantes, no existía unanimidad acerca del destino político que deseaban para ellos mismos (Gilardini, 2011). Bolívar había derrotado a los españoles en Carabobo el 24 de junio de 1821, determinando la liberación de Venezuela. Paralelamente, en mayo de 1822, Bolívar triunfaba en Pichincha y anexaba Quito a Colombia, decidiendo marchar hacia el sur, aprovechando que las fuerzas realistas se reagrupaban en el centro-norte del Perú, en una situación de virtual encierro, por el avance hacia el norte de San Martín luego de la gesta en Chile y la conquista de Lima.

En este contexto surgieron las primeras discrepancias en el pensamiento político entre Bolívar y San Martín en relación a Guayaquil. El primero asumía como segura la pertenencia de este territorio al de Colombia, pues originariamente había pertenecido al Virreinato de Nueva Granada. Por su parte San Martín creía firmemente en la teoría de autodeterminación de los pueblos.

En relación al problema de Guayaquil, Espejo especifica en el texto Recuerdos Históricos (1873) —fuente principal de este trabajo—,  que:

Desde la época de la conquista de Pizarro, fue Guayaquil provincia integrante del virreinato de Lima, y por circunstancias accidentales quedó interrumpida esta dependencia por unos pocos años a fines del siglo pasado, por haberla agregado el Monarca al de Santa Fe; mas por real orden del 7 de julio de 1803, volvió a reincorporarla al del Perú. (p. 23)

En este párrafo es notorio que Espejo expone el derecho peruano sobre esta provincia, en disputa para entonces con Colombia. Y luego agrega:

Pero lo que se puede asegurar es, que Guayaquil como pueblo del Perú, inflamado por el entusiasmo que las proclamas de San Martin habían difundido, declaró su emancipación, y los magistrados que de ella surgieran, se colocaron bajo el ejido del jefe que se los inspiraba. (p. 25)

Varios meses antes de la entrevista, en febrero de 1822, existió un intento de San Martín de reunirse con Bolívar en Guayaquil, en la creencia de que este se encontraba en la ciudad. Paredes (2015) relata que, en su travesía en barco desde Lima, San Martín recaló transitoriamente en Huanchaco, donde fue anoticiado que Bolívar se encontraba realmente marchando sobre Juanambú para concluir la guerra en Colombia. En esas circunstancias San Martín decidió regresar a Lima, ya que no iba a poder resolver unilateralmente la tensa situación que se vivía en Guayaquil. Finalmente, Bolívar entró triunfalmente en Guayaquil el 11 de julio de 1822. Inmediatamente asumió el mando haciendo cesar la junta liderada por J. Olmedo, invocando una situación anárquica (Giorlandini, 2011).

En otra parte Espejo describe la situación política de ese momento, señalando la presencia de tres partidos políticos. El primero, liberal, que era mayoría, lo conformaban independentistas que, bajo la bandera de su independencia como estado soberano, aceptaban que en caso de que esta peligrase por alguna circunstancia imprevista, la provincia se agregaría al Perú, de quien habían dependido. El segundo partido, era legitimista conservador: estaba a favor de la dependencia del Perú, siendo menos numeroso que el anterior. Y el tercero, que era una minoría escasa pero exaltada, por Colombia. Como vemos, es probable que Espejo evaluara una situación de descontento en la mayoría de la población de Guayaquil, que prefería mantener su independencia, o eventualmente cobijarse transitoriamente dentro de las nuevas fronteras del Perú. Esta idea puede ser interpretada como un respaldo a la posición de su líder, el General San Martín.

El 14 de julio, el Protector del Perú zarpó del Callao rumbo a Guayaquil nuevamente, esta vez sin saber que la junta de Guayaquil había sido depuesta, y que algunos partidarios de la anexión al Perú se habían refugiado en los barcos de la escuadra peruana al mando del Vicealmirante Blanco Encalada (Paredes, 2015).

La necesidad de una planificación militar conjunta para poner fin a la guerra era una idea para San Martín crucial. Bolívar no estaba dispuesto a resignar su protagonismo y liderazgo en la gesta libertadora. Por su parte, San Martín sólo deseaba terminarla. Bolívar se negó a dar la cooperación militar que solicitó San Martín y solamente le ofreció un contingente de algo más de mil hombres, como retribución a la ayuda dada por San Martín a Sucre. Luego del triunfo de Sucre en Río Bamba y la llegada a su fin de la guerra en el Ecuador, sobrevino el triunfo de Pichincha y la capitulación de Pasto, otro baluarte español.

Ambos ejércitos debían acercarse para vencer las últimas resistencias, tanto en Ecuador como en Perú. Bolívar había ofrecido sus soldados a San Martín un año antes de la entrevista. Ambos se dirigían elogios, respeto y manifestaban espíritu de lucha solidaria y cooperación mutua; asimismo, se informaban sobre operaciones y propósitos (Mitre, 1890).

Sucre había sido vencido en Huachi, quedando muy debilitado, por lo que solicitó ayuda a San Martín, desesperadamente, quien le mandó 1.300 hombres a las órdenes de Andrés Santa Cruz. Bolívar le pidió también que envíe un batallón a Guayaquil. La división auxiliadora entró en el Ecuador y se unió al ejército colombiano y por primera vez se reunieron soldados de Argentina, Perú y Chile, con los de Colombia, Venezuela, Nueva Granada y Panamá. Fue, al decir de Mitre (1890), el afocamiento de la revolución sudamericana.

Espejo por su parte no establece una relación de coordinación voluntaria y organizada del efecto de pinza entre el ejército bolivariano y el sanmartiniano para rodear al enemigo desde el norte y desde el sur, como suponen otros autores antes mencionados, sino que sólo muestra su preocupación por la falta de reposición de las bajas en la división del General Santa Cruz, enviado por San Martín, a pedido de Bolívar y Sucre. No muestra en su apartado acerca de la organización militar tener datos de que San Martín intentara consensuar una estrategia conjunta para terminar la guerra, salvo la idea de aunar los esfuerzos en una expedición común, como expondremos más adelante.

La posibilidad de que se haya discutido la forma de gobierno en los países liberados de España es ampliamente formulada por autores latinoamericanos, como De la Cruz (1914) y Fernández Noboa (1978), quienes llegan a sugerir que San Martín tenía para sí el proyecto monárquico propio. Ya hemos mencionado que en su pensamiento existía la voluntad de que se respetara la autodeterminación del pueblo, al momento de definirse un sistema de gobierno y también, de quién depender, si así fuera el caso (Espejo, 1873).

Pero también existen datos que probarían la intención de San Martín de instalar en el Perú un tipo de gobierno basado en una monarquía constitucional. Por el contrario, el General Bolívar con el tiempo privilegió el concepto de república, como lo expresa en la Carta de Jamaica: «Pienso que los americanos ansiosos de paz, ciencias, artes, comercio y agricultura, preferirían las repúblicas a los reinos, y me parece que estos deseos se conforman con las miras de la Europa» (Malamud, 2021).

Este tema no es abordado por Espejo en profundidad, salvo alguna mención acerca del concepto de autodeterminación de los pueblos, en la ya referida proclama de renuncia de San Martín al Protectorado de Perú. Nada dice tampoco acerca de qué postura asumía Bolívar al respecto, salvo su visión de expansión territorial de la República de Colombia.

Corresponde ahora analizar los hechos y consecuencias de la entrevista de Guayaquil. Como es sabido, existen diferentes posiciones historiográficas, que analizan el devenir de la misma. También se han desarrollado teorías que defienden la postura o el pensamiento de uno y otro protagonista.

Para Vicente Fidel López (1884), esta reunión fue la última posibilidad de evitar un conflicto armado entre Colombia y Perú. Esto se inició luego del entredicho entre Sucre, enviado por Bolívar a tomar Guayaquil, y la negativa del General Santa Cruz de colaborar con sus tropas para tomar la ciudad.

En opinión de Mitre (1890), la llegada de San Martín a Guayaquil el 25 de julio de 1822 tomó por sorpresa a Bolívar. Al día siguiente, el primero desembarcó del buque Macedonia y fue recibido en tierra con honores. Este autor refiere que los libertadores se abrazaron por primera y última vez. Esa mañana ambos generales tuvieron su primera entrevista a puertas cerradas, por espacio de una hora y media. A la mañana siguiente San Martín ordenó que se embarcase su equipaje en la goleta, lo que muestra que no estaba dispuesto a prolongar su estadía en la ciudad, presumiblemente porque no tenía expectativas favorables de la reunión. Pasado el mediodía se presentó en la casa de Bolívar, donde continuó la entrevista durante más de cuatro horas. Seguidamente, Bolívar ofreció un banquete en su honor, en donde brindó «por los dos hombres más grandes de América del Sud», San Martín y él, y el primero por la rápida finalización de la guerra, por la organización de las diferentes repúblicas del continente y por la salud del Libertador de Colombia, (Hall, 1998, p. 177 en Pérez, 2021). Poco rato después, San Martín se retiró con sigilo y embarcó de regreso hacia el Macedonia, que lo llevaría de regreso a Lima.

Entrando en las especulaciones, mencionaremos sólo la posibilidad de que San Martín le haya pedido formalmente la concreción conjunta del asalto final a los focos realistas que quedaban en Perú. Ante su negativa, le ofreció incluso ser su subalterno en la campaña, lo cual fue también rechazado. Esto lo reafirma San Martín 23 años después, en el texto de una carta al General Ramón Castilla, presidente del Perú en 1845 y ex oficial del ejército libertador de ese país. En ésta el primero señala:

Yo hubiera tenido la más completa satisfacción habiéndole puesto fin con la terminación de la guerra de la independencia en el Perú, pero mi entrevista en Guayaquil con el general Bolívar me convenció, no obstante sus protestas, que el solo obstáculo de su venida al Perú con el ejército de su mando no era otro que la presencia del general San Martin, a pesar de la sinceridad con que le ofrecí ponerme bajo sus órdenes con todas las fuerzas de que yo disponía. (Otero, 1945. P. 437, 438).  

Como se mencionó previamente, existen otras versiones acerca de lo ocurrido en la entrevista. Un ejemplo de esto es la llamada Tesis Colombiana, que sostiene que San Martín fue retirado por la fuerza, ya que este no estaba en posición ni política ni militar para enfrentar a Bolívar (Pío Jaramillo, 1952). En una publicación reciente, Bragoni (2019) postula que San Martín mismo proporcionó los datos para limpiar su imagen por haber abandonado la campaña del Perú y por un sentimiento de envidia, ante la fama que iba adquiriendo Bolívar como el principal Libertador de Hispanoamérica.

El aporte historiográfico de Gerónimo Espejo en la entrevista de Guayaquil, como hemos  analizado previamente, se debe a su capacidad de registrar los acontecimientos y dejarlos por escrito. Ya cumplida su misión en Guayaquil, pocos días después de estos acontecimientos, Espejo debía embarcar de regreso a Lima. Estando ocupados en esos preparativos, fueron alertados de la llegada del barco Macedonia, con el General San Martín y su limitada comitiva. Si bien Espejo permaneció embarcado en Puná, en el estuario del Guayas, quedó a la espera y contacto con los edecanes de San Martín, Rufino Guido y Salvador Soyer. Durante el 26 y 27 de julio de 1822 se celebraron las entrevistas. El día 28, con el regreso del General y sus oficiales, fue oportuno para que Espejo describiera las experiencias vividas los días anteriores a la llegada de San Martín, y para escuchar, fundamentalmente de parte de Guido, lo sucedido en tierra, relatándolo así:

Quedando el Libertador con solo dos edecanes, los coroneles Guido y Soyer, invitaron á estos á pasar á otra habitacion , á efecto de dejar solos á los dos grandes personajes que tanto habian ansiado verse reunidos. Ellos cerraron las puertas por dentro y los edecanes estaban á la mira de que nada les interrumpiera. Asi permanecieron por hora y media, siendo este el primer acto de la entrevista, que segun la espresion de ambos, habia sido por tanto tiempo deseada.  Una vez concluida esta primera reunión, Bolivar se retiró, siendo acompañado por San Martín. Desde la llegada de este a Guayaquil, se veía una inmensa masa de pueblo agrupada al frente de la casa en que se hospedó, la que aclamaba sin cesar al Libertador del Perú, y después que el general Bolívar se retirase, saliendo a los balcones, saludó la reunión con palabras de benevolencia y gratitud, por las expresiones patrióticas con que se le distinguía. En ese momento se anunciaron otras visitas de vecinos notables de la ciudad, por lo cual tuvo que dejar el balcón para pasar al salón a recibir aquellas nuevas atenciones de conocida simpatía. (p. 98-99)

Al día siguiente a la una de la tarde, volvió el general a casa de Bolívar, pero dejando ya arreglado y listo el equipaje y la escolta, con la orden de que se embarcaran en la Macedonia a las once de la noche, pues en esa misma debía verificarlo él también, al salir del baile a que estaba invitado. Luego que llegó a lo del Libertador, después de los cumplimientos sociales, ambos se encerraron en el salón encargando que no se les interrumpiera. Así permanecieron por cuatro horas aproximadas, siendo este el segundo acto de la entrevista.(p. 99-100)

Esa misma tarde coincide Espejo con otros autores en describir la gala y baile que Bolívar ofreció en honor de su invitado. Luego de los brindis a los que nos referimos oportunamente, San Martín se acercó a Guido diciéndole: «llame usted al coronel Soyer ya no puedo soportar este bullicio» (p. 100). El General hizo su despedida del Libertador sin que nadie se apercibiera de ella. Un ayudante del segundo los dirigió por una escalera secreta por donde salieron a la calle, acompañándolos hasta el muelle en el que los esperaba un bote del Macedonia.

Al día siguiente ya embarcado, y con la oficialidad reunida después del almuerzo, Espejo escuchó del General el siguiente comentario:

¿Pero han visto ustedes cómo el general Bolívar nos ha ganado de mano? Mas espero que Guayaquil no será agregado a Colombia, porque la mayoría del pueblo rechaza esa idea. Sobre todo, ha de ser cuestión que ventilaremos después que hayamos concluido con los chapetones que aun quedan en la Sierra. Ustedes han presenciado las aclamaciones y vivas, tan espontáneos como entusiastas, que la masa del pueblo ha dirigido al Perú y a nuestro ejército… (p. 102)

Gerónimo Espejo y su rol de historiador en la entrevista de Guayaquil

Gerónimo Espejo fue, como hemos descrito en la Introducción, un militar de carrera nacido en la provincia de Mendoza, que a corta edad se unió a la expedición libertadora a cargo del General San Martín. Además de su formación militar tuvo una especial inclinación por llevar un registro escrito de los sucesos cotidianos en el campamento, y de los acontecimientos de la campaña. Esto le permitió guardar para sí una extraordinaria cantidad de documentación, que años después le permitieron volcar a una producción histórico-literaria, contenida en los textos: El Paso de los Andes (1882); Apuntes históricos sobre la Expedición libertadora del Perú (1867); Sublevación del Callao (1865) y la que hoy es nuestra fuente principal para analizar su aporte a la historiografía del encuentro entre los libertadores, Recuerdos históricos. San Martín y Bolívar: Entrevista de Guayaquil (1873). Este libro fue publicado 52 años después de los acontecimientos allí narrados, hecho de no menor importancia al evaluar las intenciones de lo que le tocó presenciar y registrar.

El 12 de febrero de 1822, San Martín le encomendó a Espejo una misión reservada, que consistía en llevar 25 mil pesos fuertes al Ministro Plenipotenciario del Perú en Guayaquil, Mariscal de Campo Don Francisco Zalazar y Baquijano, para ser destinados al carenamiento de las fragatas «Prueba» y «Venganza» y la corbeta «Alejandro»”, que habían entregado los españoles en la capitulación de Guayaquil (García Enciso). Esto constituía el inicio del rearmado de una nueva flota naval, luego de la partida de Lord Cochrane. Esta circunstancia casi fortuita le permitió a Espejo deambular por la ciudad desde unos meses antes de la entrevista.

El autor describe con detalles propios de un testigo presencial la llegada y recepción que se le concedió al General Bolívar y su comitiva, el 11 de julio de 1822. Se acondicionaron dos falúas, que salieron a su encuentro, con las autoridades locales y las legaciones de países como la de Perú, participando Espejo de ésta. Luego de las presentaciones de rigor, continuaron navegando de regreso por el río Guayas, hasta entrar en la ciudad. En ese lugar hubo discursos de las autoridades y salvas de cañones en su honor. Seguidamente describe una cena de gala la noche del día 12, en la que participó, junto al coronel Manuel Rojas, a cargo de la delegación del ejército de San Martín. En un momento de la gala, cuenta Espejo que Bolívar detuvo su mirada en Rojas y se estableció el siguiente diálogo:

Bolívar (con ceño) – ¿Quién es Ud.?

Rojas (con sonrisa y tono dulce) – Manuel Rojas

Bolívar- ¿Qué graduación tiene usted?

Rojas – (Inclinando el hombro izquierdo y enseñando con el índice la pala de su charretera)

             Coronel.

Bolívar – ¿De que país es usted?

Rojas – (Con el rostro encendido, sonrisa aparente, la cerviz erguida y tendiendo la mano

             derecha sobre cuatro ó cinco medallas que lucia en el peto de la casaca):

             -Tengo el honor de ser de Buenos Aires.

Bolívar – ¡Bien se conoce por el aire altanero que representa!

Rojas (Centelleando los ojos pero en tono de satisfacción) Es un aire propio de hombres libres……!!

Aquí terminó el diálogo bajando ambos la cabeza. Todos quedamos mustios y en un silencio profundo por unos cuantos minutos, siendo muy marcada la frialdad impresa en los ánimos. A los argentinos, sin duda nos hizo doble impresion ese lance, y a por la increpación hecha a nuestro carácter nacional; sea por el lenguaje y la ocasion elegida, o en fin por el alto rango del protagonista. Hubo uno que otro brindis, que no recuerdo porque mi cabeza estaba preocupada, pero luego terminó la mesa pasando la concurrencia al salón de baile. (pags. 70-71)

Otro episodio no menos significativo ocurrió en ocasión de un banquete ofrecido a Bolívar por la Legación argentino-peruana en Guayaquil. Terminada la cena y luego de los brindis de etiqueta, El Libertador pidió la palabra y exclamó:

brindo, señores, por que cuando antes tremole el pabellón de Colombia en la plaza de Buenos Aires (aquí hizo una lijera pausa esgarrando, y agregó) dando un abrazo de paz a los que con tanto valor como decisión han sabido sostener los derechos de la libertad, etc, etc. (p. 85)

Este acto le hizo recordar a Espejo otro similar, en un banquete ofrecido a los militares de alto rango que triunfaron en Pichincha, entre los que se encontraba Juan Lavalle, y en el que Bolívar expresó: «que no tardaría mucho el día en que se paseara el pabellón triunfante de Colombia HASTA EL SUELO ARGENTINO» (p. 59). En esa ocasión el Coronel Lavalle luego de pedir la palabra, respondió:

Que la República Argentina se hallaba libre e independiente de la dominación española, y lo había estado, desde el memorable 25 de mayo de 1810 que declaró su emancipación. Que si los españoles hicieron algunas tentativas para reconquistar el extinguido vireinato, en todas habían sido derrotados quedando en consecuencia el territorio en completa libertad. (p. 59)

Estos episodios declarativos, según Espejo, ponen en evidencia el plan de Bolívar de continuar hacia el sur su proyecto de un gran estado o república centralizada, aun incluyendo naciones que ya habían logrado su emancipación de España.

En otra parte del texto, Espejo nos ilumina acerca de las impresiones acerca de las condiciones humanas que San Martín observó de Bolivar durante la entrevista, apuntando:

El General San Martin era leal, franco, sin ambajes. Sobre todo, cuando él mismo en el juicio que formé de la persona de Bolívar, dice: «su falta de franqueza me fue demostrada en las conferencias que tuve con él en Guayaquil, en las que jamás contestó a mis propuestas de un modo positivo, sino en términos evasivos» con orgullo muy marcado, sin franqueza en el trato, y sin mirar de frente al interlocutor. ¿Habrá persona que al tratar un asunto, por trivial que sea, continúe usando de una franqueza, que no es correspondida? (p. 161)

El viaje de regreso a Lima transcurrió sin inconvenientes. Pero apenas llegó al Callao y fue instruido por el capitán del puerto y comandante de Marina, general Luis de la Cruz, del estado de la capital y de la deposición del ministro Monteagudo. En ese momento la escena cambió, y San Martín concentrado y taciturno, dice Espejo, desembarcó en el acto y pasó a su casa de campo de la Magdalena; y culmina el autor:

Desde ese momento se persuadió que la anarquía asomaba en el Perú, y que las aspiraciones se desencadenarían sin respetar nada. Enseguida asumió el mando supremo, y todas las medidas que dictó fueron tendentes a reunir el Congreso Constituyente, alejarse de los negocios públicos y dejar el país entregado a su propio destino. (p. 103)

Son estos algunos ejemplos de referencias directas de los dichos, opiniones y conceptos de San Martín y Bolívar, vividos y recopilados por nuestro autor, que tienen gran riqueza para ser interpretados historiográficamente.

Hasta aquí llega el relato de primera mano de Espejo. Posteriormente, el autor en el capítulo denominado «Reflexiones», hace un análisis de las causas y consecuencias de la entrevista de Guayaquil. Coincide con Mitre y otros historiadores en definir lo que él denomina «la incorporación de Guayaquil», como uno de lo problemas centrales a discutir en la conferencia. Espejo puntualiza también el problema del reemplazo de las bajas en las fuerzas de San Martín que, solidariamente, envió para colaborar en Pichincha. Por último, hace mención al necesario análisis de la estrategia militar para terminar la guerra, y lo menciona como punto culminante en el interés de San Martín para discutir en la reunión. En este aspecto muestra la visión de un Protector del Perú que decide resignar su posición, en aras de lograr la rápida finalización del conflicto armado, con el menor costo en vidas posible. Bolívar no estaba dispuesto a compartir la gloria.

Ahora bien, en este punto es necesario destacar que estos tres aspectos mencionados por Espejo en su libro, no parten de una interpretación libre desde su intelecto, sino que son los «indicados» por San Martín, de acuerdo al siguiente párrafo textual:

En este concepto, y aunque la entrevista fue asunto de los poco comunes, y quizá por ello algunos escritores lo han calificado de misterio; no considerándolo yo en la categoría de tal, me propongo analizarlo y que se vea claro cómo desde el primer instante lo vio mi escasa capacidad. Así pues, siendo tres los tópicos indicados por el general San Martin, para evitar cualquiera repetición o incoherencia, los trataré por separado (p.157- 158).

Es probable también que, con la intención de reforzar la posición de San Martín ante Bolívar en el encuentro, haya omitido hechos o diálogos a los cuales accedió. Un ejemplo de esto es la versión extendida de autores latinoamericanos, quienes afirman que el Protector del Perú bregaba por instaurar un gobierno monárquico. De la Cruz (1914) escribe de San Martín, acerca «del propósito ostensible de establecer, por lo menos en los territorios del Perú un trono para sentar sobre él a un príncipe europeo» (p. 28-29).

Comentarios finales

A Gerónimo Espejo se lo puede definir no sólo como un militar de carrera, con vasta experiencia en el campo de batalla, durante la gesta libertadora, sino también como un letrado que supo registrar y recolectar datos, en una gran recopilación, que sirvieron de fuente para la interpretación historiográfica posterior, de los tiempos que le tocaron vivir. Pero no sólo tuvo este mérito, sino que también él mismo aportó su propia visión del momento, lo cual constituyó un importante aporte a la historiografía de la entrevista de Guayaquil.

Grandes historiadores que en esos días se encontraban a miles de kilómetros, se nutrieron de Espejo para armar un relato histórico, algunos citando la fuente, como Mitre, y otros no. Y también otros tantos que vivieron decenas de años después, hicieron lo propio. Es notable la capacidad que tuvo Espejo para narrar en el momento, con lujo de detalles, todo lo que ocurrió y, sobre todo, lo que no ocurrió. Tales detalles y su interpretación se han obviado intencionalmente en esta monografía, ya que en ésta se analiza a Espejo como objeto de estudio, y no su producción historiográfica específicamente, para lo cual será necesario otro plan de investigación. Además, se le puede adjudicar a Espejo la capacidad de haber percibido el entorno y el contexto alrededor de la entrevista, y de cómo al haberse hecho fuerte  Bolívar en esa plaza con anterioridad a la llegada de San Martín, este quedó en posición o situación de invitado o huésped del primero, desbalanceando lo que debería haber sido una reunión entre pares. Para Espejo, en este escenario, y advirtiendo que la presencia de ambos a la vez dificultaría el progreso del objetivo final de la gesta libertadora de los estados de América del Sur, San Martín decidió retirarse a Lima. La situación política que encontró en esta a su llegada, sumado al resultado de la entrevista de Guayaquil, terminaron por convencer al General acerca de la necesidad de su retiro definitivo de la campaña libertadora.

Espejo define a Bolívar como un personaje con rasgos de soberbia, que necesitaba aparecer como el libertador único de los pueblos de América del Sud, sin compartir sus méritos. También lo muestra descalificando a los naturales del Río de la Plata. En la otra mano, remarca las condiciones éticas y morales de San Martín ante cualquier situación de su vida personal y militar, así como la ausencia de toda ambición política.

En función de la hipótesis planteada para esta monografía, se sostiene que Gerónimo Espejo no sólo fue un cronista de los sucesos antes referidos, sino que también un intérprete de las intenciones de San Martín de conferenciar con Bolívar, y de las conclusiones que sobre el libertador de Colombia obtuvo. Claramente el objetivo en el discurso de nuestro autor es, en todo momento, enaltecer las condiciones morales y éticas de su líder, contraponiendo con ejemplos reales, conductas no muy propias para su condición, de Bolívar.  Es necesario admitir, sin embargo, que Espejo tuvo una opinión acerca de todo lo que rodeó a la entrevista de Guayaquil en función de su líder, enalteciendo virtudes u omitiendo defectos acerca de su participación en esta conferencia.

*Alberto Domenech es estudiante de la Licenciatura de Historia de la Universidad de El Salvador.

alberto.domenech@usal.edu.ar

https://orcid.org/0009-0007-2636-1743

Notas

[1] Foja de Servicio del General Don Gerónimo Espejo (1870). Ed. Imprenta del Buen Orden, Buenos Aires.

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Cómo citar este artículo: Domenech, A. (05 de junio del 2026). Gerónimo Espejo y su versión acerca de la Entrevista de Guayaquil (1822). Investigación en Movimiento. Recuperado el [incluir fecha de consulta]. https://investigacionenmovimiento.unla.edu.ar/geronimo-espejo-y-su-version-acerca-de-la-entrevista-de-guayaquil-1822/

 

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