Introducción
La cuestión de las Islas Malvinas ha sido tradicionalmente abordada en la Argentina desde una perspectiva histórica y jurídico-diplomática centrada en la disputa de soberanía territorial. Sin embargo, este enfoque resulta insuficiente para comprender la complejidad del problema en el contexto contemporáneo. Lejos de tratarse exclusivamente de un diferendo bilateral, la problemática debe ser situada en una escala más amplia, vinculada al control del Atlántico Sur, sus recursos y su proyección estratégica hacia la Antártida.
En este sentido, los aportes del comodoro de marina (RE) veterano de la Guerra de Malvinas (VGM) Eduardo Ganeau, capitán de navío (RE) Guillermo Spinelli, contraalmirante (RE) Guillermo Tomé y capitán de navío (RE) VGM Juan Membrana en el marco del programa radial Malvinas Causa Central, permiten reconstruir una mirada integral que articula dimensiones económicas, geopolíticas y militares. Consideradas en conjunto, estas intervenciones ponen en evidencia una tensión estructural: la distancia entre la afirmación del derecho soberano y la capacidad efectiva de ejercerlo.
Marco conceptual: comercio marítimo, defensa y construcción de poder
Para abordar la problemática del Atlántico Sur resulta necesario articular tres dimensiones centrales: el comercio marítimo, el control del espacio y la capacidad de defensa. En este sentido, las intervenciones de Guillermo Spinelli y Eduardo Ganeau permiten construir un marco conceptual integrado que vincula economía y poder.
Spinelli sitúa el análisis en el funcionamiento del sistema internacional, señalando que el comercio global depende estructuralmente del transporte marítimo, el cual constituye el medio más eficiente para el traslado de grandes volúmenes de mercancías (Natalicio, J., 23 de marzo de 2026). A partir de esta premisa, introduce el concepto de líneas de comunicación marítima (LCM), entendidas como las rutas a través de las cuales circulan bienes, recursos y flujos comerciales, cuya protección resulta indispensable para garantizar la estabilidad económica de los Estados.
La relevancia de estas líneas no es meramente operativa, sino estratégica. La imposibilidad de protegerlas implica que actores externos pueden interrumpirlas, afectando directamente la capacidad económica de un país (Natalicio, J., 23 de marzo de 2026). En este sentido, el control del espacio marítimo aparece como una condición necesaria para sostener la autonomía económica y la inserción internacional.
Este enfoque se complementa con el aporte de Eduardo Ganeau, quien introduce la dimensión de la defensa como componente esencial del poder estatal. Ganeau sostiene que las fuerzas armadas no solo cumplen una función operativa, sino que también transmiten una señal estratégica hacia otros actores internacionales: la existencia de capacidades de defensa indica que un Estado reconoce sus intereses, los valora y está dispuesto a protegerlos (Natalicio, J., de 23 de diciembre de 2020).
La ausencia de dichas capacidades genera el efecto inverso, exponiendo vulnerabilidad (Natalicio, J., de 23 de diciembre de 2020). De este modo, la disuasión se configura como una forma de poder indirecto que opera incluso en ausencia de conflicto abierto, condicionando el comportamiento de otros actores. En conjunto, los aportes de Spinelli y Ganeau permiten comprender que el control del mar, la protección de los flujos económicos y la capacidad de defensa constituyen dimensiones interdependientes de la construcción del poder estatal.
El Atlántico Sur como espacio estratégico
A partir de este marco conceptual, el Atlántico Sur se configura como un espacio de alta relevancia geopolítica. No se trata de una periferia del sistema internacional, sino de un ámbito central para la circulación de mercancías y recursos.
Las rutas marítimas que atraviesan la región conectan distintos puntos del sistema global, lo que otorga a este espacio una importancia que excede el plano regional. En este contexto, el control o la influencia sobre dichas rutas se traduce en capacidad de intervención sobre los flujos económicos internacionales.
En consecuencia, el Atlántico Sur debe ser entendido como un espacio de disputa en el que convergen intereses económicos, capacidades militares y proyección estratégica.
La construcción británica del poder en el Atlántico Sur
El análisis de Guillermo Tomé permite observar cómo estas dimensiones se materializan en el caso concreto del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. La presencia británica en el Atlántico Sur no se limita a la ocupación de las Islas Malvinas, sino que forma parte de una estructura más amplia de control territorial, configurada como una red de enclaves estratégicos (Natalicio, J., 22 de abril de 2022).
Esta red incluye territorios como Ascensión, Santa Elena, Tristán de Cunha, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y Malvinas, configurando una disposición que puede ser interpretada como una continuidad geoestratégica orientada a garantizar presencia permanente en puntos clave del océano (Natalicio, J., 22 de abril de 2022). Esta estructura permite al Reino Unido sostener capacidad de vigilancia, control e intervención sobre el conjunto del Atlántico Sur.
La consolidación de este sistema se profundiza a partir de 1982, cuando el Reino Unido no solo reafirma su control territorial, sino que desarrolla una infraestructura militar capaz de sostener una presencia permanente. En este sentido, la base de Mount Pleasant se constituye como un nodo central del dispositivo estratégico británico, en tanto articula capacidades aéreas, navales y terrestres que permiten garantizar la defensa del territorio ocupado y proyectar poder sobre la región (Natalicio, J., 22 de abril de 2022).
Asimismo, la articulación con Estados Unidos en enclaves como la isla Ascensión introduce una dimensión adicional vinculada a la inteligencia y el monitoreo global del espacio marítimo (Natalicio, J., 22 de abril de 2022). De este modo, el poder británico en el Atlántico Sur no se limita a su dimensión territorial, sino que se inserta en una red más amplia de cooperación estratégica.
Territorio marítimo, recursos y control
La dimensión económica del problema se evidencia en la magnitud del espacio marítimo en disputa. Como señala Tomé, la Argentina posee una zona económica exclusiva de aproximadamente 2.800.000 km², que se amplía con la extensión de la plataforma continental (Natalicio, J., 22 de abril de 2022).
Sin embargo, una parte significativa de ese espacio —superior a 1.600.000 km²— se encuentra bajo control británico efectivo (Natalicio, J., 22 de abril de 2022). Esta situación implica no solo la ocupación territorial, sino también la explotación de recursos estratégicos por parte de un actor externo.
De este modo, la disputa por Malvinas se articula directamente con la problemática del control de recursos y la soberanía económica, evidenciando la brecha entre titularidad jurídica y control material.
Argentina como país bicontinental: escala del conflicto, responsabilidades y proyección efectiva
La caracterización de la Argentina como país bicontinental constituye un eje central para comprender la dimensión geopolítica del Atlántico Sur. Sin embargo, esta definición adquiere sentido pleno únicamente cuando se la analiza en relación con dos variables fundamentales: por un lado, la escala real del actor con el cual se disputa el territorio, y por otro, las responsabilidades concretas que se derivan de esa condición territorial.
En primer lugar, el aporte de Eduardo Ganeau permite ampliar significativamente la comprensión del sujeto con el cual la Argentina sostiene la disputa de soberanía. Según su planteo, el actor no debe ser reducido al Reino Unido como Estado formal, sino entendido en el marco más amplio de la Corona británica y su estructura de poder global (Natalicio, J., 27 de octubre del 2025).
Esta distinción no es menor. Mientras que el Reino Unido posee una extensión territorial relativamente acotada, la Corona británica articula un conjunto de Estados —alrededor de quince— que reconocen al mismo jefe de Estado, además de los territorios de ultramar bajo su administración (Natalicio, J., 27 de octubre de 2025). En términos geopolíticos, esto implica que la Argentina no se enfrenta a un actor aislado, sino a una estructura de poder con proyección global, con capacidad de articulación política, económica y militar.
Esta ampliación de escala permite comprender mejor la magnitud del problema: la disputa por Malvinas y el Atlántico Sur no se desarrolla en un plano bilateral restringido, sino en un escenario donde interviene una red de alianzas históricas y contemporáneas que refuerzan la posición británica. En este sentido, la dimensión del conflicto excede ampliamente la superficie insular y se proyecta sobre un espacio marítimo de aproximadamente 2.600.000 km² bajo control efectivo británico, con implicancias directas sobre la proyección antártica (Natalicio, J., 12 de septiembre del 2025).

En segundo lugar, la perspectiva de Juan Membrana permite articular esta escala del conflicto con la dimensión territorial argentina. La definición de país bicontinental implica reconocer que la Argentina no se limita a su territorio continental sudamericano, sino que se proyecta hacia el Atlántico Sur y la Antártida, configurando una continuidad geográfica y estratégica (Natalicio, J., 21 de octubre del 2025).
Desde el punto de vista geográfico, Membrana describe al país como una “cuña” que articula los océanos Atlántico y Pacífico, en un punto de inflexión clave para la navegación global (Natalicio, J., 21 de octubre del 2025). Esta posición no es meramente descriptiva, sino funcional: las rutas marítimas que atraviesan el extremo sur del continente constituyen corredores estratégicos para el comercio internacional, especialmente como alternativa a los canales interoceánicos.
Sin embargo, esta condición no se agota en la geografía. Membrana introduce un elemento decisivo al señalar que la Argentina ha asumido responsabilidades internacionales concretas sobre el espacio marítimo, particularmente en materia de búsqueda y salvamento (SAR), extendiendo su área de responsabilidad hasta aproximadamente 4.500 kilómetros mar adentro.
Esta responsabilidad implica un compromiso efectivo de protección de la vida humana en el mar, tanto para aeronaves como para buques que transitan la región. No se trata, por lo tanto, de una proyección abstracta, sino de una obligación operativa que requiere capacidades materiales específicas: medios aéreos, navales y logísticos capaces de intervenir en un espacio de enorme extensión y complejidad.
En este punto, se evidencia una tensión central. Mientras la Argentina ha definido normativamente su condición bicontinental y ha asumido responsabilidades internacionales acordes a esa condición, las capacidades materiales necesarias para sostener esa proyección resultan limitadas. Como señala Membrana, la posibilidad de intervenir en esos espacios implica tiempos logísticos significativos —del orden de días para la llegada de medios navales— y una coordinación compleja de recursos.
Esta limitación se articula con lo señalado por Ganeau respecto de la función de la defensa como elemento constitutivo del poder estatal. La ausencia o debilidad de capacidades no solo restringe la acción concreta, sino que también comunica vulnerabilidad hacia otros actores internacionales, habilitando la intervención de quienes sí poseen los medios para ejercer control sobre el espacio (Natalicio, J., 23 de diciembre de 2020).
En consecuencia, la bicontinentalidad debe ser entendida como una condición que articula tres dimensiones interdependientes: territorio, responsabilidad y capacidad. La extensión geográfica y la proyección hacia la Antártida definen el alcance del espacio estratégico; las obligaciones internacionales, como el sistema SAR, establecen compromisos concretos; y las capacidades materiales determinan la posibilidad efectiva de ejercer soberanía sobre ese espacio.
Finalmente, la integración de estos elementos permite comprender que la problemática del Atlántico Sur no puede ser abordada de manera fragmentaria. La disputa territorial, el control de las rutas marítimas, la explotación de recursos y la proyección antártica forman parte de un mismo sistema geopolítico. En este marco, la condición bicontinental de la Argentina no constituye únicamente una característica geográfica, sino un desafío estratégico que requiere la construcción sostenida de capacidades para traducir esa definición en una práctica efectiva de soberanía.
Conclusión
El análisis de la cuestión Malvinas desde una perspectiva geopolítica integral permite comprender que la disputa no se limita a la soberanía sobre las islas, sino que involucra el control del Atlántico Sur en su conjunto.
La principal tensión radica en la brecha entre la afirmación del derecho soberano y la capacidad de ejercerlo en la práctica. Mientras el Reino Unido ha desarrollado una estrategia sostenida de control del espacio, la Argentina ha carecido de una política integral que articule sus intereses en términos de poder efectivo.
En este sentido, la cuestión Malvinas plantea un desafío estratégico de largo plazo: la necesidad de construir capacidades económicas, militares y políticas que permitan transformar el reclamo en una práctica concreta de soberanía.
Ahora bien, esta limitación no puede explicarse únicamente en términos de decisiones políticas recientes, sino que remite a una dimensión más profunda, vinculada a la formación histórica, cultural y educativa del país. En el sistema educativo argentino, la geografía —en particular la marítima— ha ocupado un lugar secundario en relación con la historia, y aun dentro de esta última, han sido escasamente abordadas las campañas navales, la proyección antártica y la dimensión oceánica del desarrollo nacional. Del mismo modo, la ausencia de una enseñanza sistemática del mapa bicontinental contribuye a consolidar una representación incompleta del territorio, que refuerza una mirada continental y limita la comprensión del país como espacio marítimo.
Esta situación ha contribuido a la formación de una conciencia nacional que, en gran medida, le ha dado la espalda al mar. No se trata de un fenómeno reciente, sino de un proceso que se remonta a los orígenes mismos de la organización nacional. Sin embargo, a partir de 1982, esta tendencia se profundizó de manera significativa. La derrota militar en el conflicto del Atlántico Sur no solo implicó la pérdida del control territorial inmediato, sino también un proceso de desarticulación de las capacidades marítimas del país, tanto en el ámbito militar como en el civil, incluyendo la industria naval y la marina mercante.
En este sentido, la consecuencia más relevante no debe ser analizada únicamente en términos militares, sino políticos. La consolidación de la presencia británica en el Atlántico Sur, con capacidad de proyección y control efectivo del espacio, constituye uno de los principales resultados estratégicos del conflicto. Esta situación ha facilitado, a su vez, la explotación sostenida de los recursos naturales de la región por parte del Reino Unido, reforzando su posición como actor hegemónico en esta latitud.
El escenario actual plantea la necesidad de profundizar el análisis en dimensiones específicas que resultan clave para comprender la totalidad del problema, entre ellas el control de los recursos naturales del mar, la articulación con los sistemas fluviales internos y el desarrollo de capacidades militares adecuadas para la proyección en el espacio marítimo. Estos aspectos serán abordados en trabajos posteriores, en la medida en que forman parte de un mismo entramado estratégico.
No obstante, cualquier desarrollo futuro requiere partir de una premisa básica: la centralidad del Atlántico Sur en la configuración del poder nacional. La cuestión Malvinas, en este marco, no puede ser reducida a una consigna ni a una dimensión exclusivamente simbólica. Constituye, al mismo tiempo, un sentimiento arraigado, una causa histórica y una obligación jurídica del Estado argentino.
En consecuencia, la recuperación efectiva de la soberanía no dependerá únicamente de la legitimidad del reclamo, sino de la capacidad de la Argentina para reconstruir su presencia en el espacio marítimo. En última instancia, el problema no radica en la falta de derechos, sino en la insuficiencia de poder para ejercerlos. Y es en ese terreno —el de la construcción de capacidades— donde se define el futuro de la cuestión Malvinas.
*Juan Natalizio es periodista, docente e investigador del Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús, conductor del programa radial Malvinas Causa Central en Radio Gráfica.
Referencias
– Natalicio, J. [Malvinas Causa Central]. (23 de diciembre de 2020). Necesidad de importancia de una Armada – Cdo. de Marina (R) VGM Eduardo Ganeau [Archivo de video]. YouTube.https://youtu.be/177pxilhpdQ
– Natalicio, J. [Malvinas Causa Central]. (22 de abril de 2022). Importancia del Atlántico Sur, la usurpación británica y sus instalaciones militares [Archivo de video]. YouTube.https://youtu.be/0PuJTHRFOiY
– Natalicio, J [Malvinas Causa Central]. (12 de septiembre de 2025). Malvinas: “Tenemos 2,6 millones de km² invadidos por la corona británica en el Atlántico Sur” [Archivo de video]. YouTube.https://www.youtube.com/watch?v=9kUzRxygYzE
– Natalicio, J. [Malvinas Causa Central]. (21 de octubre de 2025). “La Argentina es bicontinental y marítima. Debe pensarse en el mar” | Juan José Membrana [Archivo de video]. YouTube.https://youtu.be/FUWeEkV0QDA
– Natalicio, J. [Malvinas Causa Central]. (27 de octubre de 2025). Malvinas: usurpación, invasión, agresión y recuperación | Entrevista a Eduardo Ganeau [Archivo de video]. YouTube.https://www.youtube.com/watch?v=uVJdWNN8mkg
– Natalicio, J. [Malvinas Causa Central]. (23 de marzo de 2026). Atlántico Sur y rutas marítimas: la geopolítica que define el poder mundial | Guillermo Spinelli [Archivo de video]. YouTube.https://www.youtube.com/watch?v=C0ljIMgcp5c
Cómo citar este artículo: Natalicio, J. (10 de junio del 2026). La cuestión Malvinas y la dimensión geopolítica del Atlántico Sur: poder, territorio y proyección estratégica. Investigación en Movimiento. Recuperado el [incluir fecha de consulta]. https://investigacionenmovimiento.unla.edu.ar/la-cuestion-malvinas-y-la-dimension-geopolitica-del-atlantico-sur-poder-territorio-y-proyeccion-estrategica/