
Fuente: Diccionario de lengua española. https://dle.rae.es/repugnar
I. Introducción
El filósofo e historiador de las ideas Oscar Terán (Carlos Casares, 1938-2008), en diferentes libros, analizó distintos temas relacionados con la vida, obra y trayectoria de José Ingenieros. Escribió: José Ingenieros, antiimperialismo y Nación (1979), José Ingenieros: Pensar la Nación (1986), Positivismo y Nación en Argentina (1987), Vida intelectual en el Buenos Aires de fin de siglo 1880-1910 (2000) e Historia de las ideas en la Argentina. Diez lecciones iniciales, (2008)[1]. No sólo por la cantidad de trabajos sino por la calidad de los mismos se puede considerar a Oscar Terán como uno de los cuatro principales especialistas de la obra de José Ingenieros, sus estudios aportan innumerables cuestiones fundamentales, más aún, si se enlazan sus trabajos con el camino recorrido por los otros tres grandes estudiosos de Ingenieros: Sergio Bagú, Ricaurte Soler y Aníbal Ponce.
No obstante, en este trabajo, intentaré demostrar que Terán, al momento de tratar la Sociología de José Ingenieros, dejó a un lado una dimensión constitutiva y esencial: Ingenieros no hizo una sociología para intelectuales ni para académicos, sino que su sociología era para el Estado, para reformular sus instituciones y modernizar su funcionamiento, en pocas palabras, pretendió diseñar un «Estado Científico».
Oscar Terán en los diferentes textos sobre José Ingenieros se propone cuestionar lo que él llama «la interpretación canónica», aquella que consideraba a José Ingenieros como un positivista sin fisuras, dice:
una interpretación canónica de la historia de las ideas argentinas se auto complace en presentar a José Ingenieros como un positivistas sin fisuras, y al positivismo como un bloque ideológico incapaz de pensar el problema de la Nación, efecto seguro de su carácter exógeno y de su europeísmo no menos recalcitrante. (Terán, 1986: p.7).
II. La sociología de Ingenieros y el problema del etapismo que propone Terán
Atravesado por el cuestionamiento a la «la interpretación canónica», la lectura de Terán sobre la trayectoria y obra de José Ingenieros se enfoca en destacar las influencias, giros, fases, contrafases y transformaciones producidas por el autor de Sociología Argentina, desde los primeros textos sociológicos hasta los últimos. Si bien unos años antes que salieran a la luz los primeros trabajos sobre Ingenieros de Terán, el filósofo panameño Ricaurte Soler (Chiriquí, 1932-1994), en su libro sobre el positivismo en Argentina (Soler, 1968), mencionaba las diferencias según la época de producción en los textos de Ingenieros, aquello que el panameño llamó: «superaciones», Terán fue mucho más lejos y habló directamente de «etapas» en el pensamiento de Ingenieros.
Terán señaló que en la trayectoria de Ingenieros existió una primera etapa «intelectual» y militante (1895-1898), a la que le siguió una etapa determinista y evolucionista (1898-1914), para llegar a la etapa definitiva, que se inicia en 1917-1918 bajo la influencia de la semana trágica, la Gran Guerra y las Revoluciones Rusa y mexicana. Observo que es en «la segunda etapa» en donde Terán dice que en Ingenieros surge su inclinación hacía la sociología, afirma Terán:
En los escritos de Ingenieros del bienio 1898-1899 se percibe un desplazamiento temático que implica una ruptura teórica respecto del período anterior y que será simultáneamente motivo y consecuencia de una reubicación de su autor dentro del campo intelectual argentino. Inmerso en prácticas que por una parte lo conectan con la etapa precedente, pero por otra se abren a zonas comunicadas con la “sociología científica”, esta última será justamente la región ideológica a través de la cual su sistema comience a colmarse con nuevas categorías pertenecientes ahora sí a un universo de discurso positivista, evolucionista y darwiniano. (Terán, 2008: p. 1949)
En relación a la obra sociológica de Ingenieros, Terán menciona que hay distintas ediciones del libro: Sociología Argentina (1898,1901, 1910, 1913 y 1918), pero las considera como parte de una misma cosa. Considera a la edición definitiva de 1918 como el resultado final de un proceso en el pensamiento sociológico de Ingenieros.
Al mismo tiempo y en relación a esta idea de Terán respecto a las «etapas» en el pensamiento de Ingenieros, cuando habla del libro Sociología Argentina menciona la edición de 1918 sin considerar las otras dos ediciones en libro, de 1910 y 1913. En otras palabras, no reconoce que ya había dos ediciones en formato de libro, dos ediciones que traspasan una de las etapas por él mismo mencionadas. A saber: si es cómo dice Terán que la inclinación sociológica de Ingenieros es parte de la segunda etapa, debería haber terminado en 1914 con el estallido de la Gran Guerra y no en 1918, cuando Terán lo ubica a Ingenieros como el crítico de la Guerra, el europeísmo y como uno de los principales difusores de la Revolución Rusa en el país.
En síntesis, Terán advierte que la construcción del libro se realiza en el tiempo, con re lecturas del propio Ingenieros y re escrituras de sus trabajos, ahora bien, no estudia la historicidad de estas ediciones, sino que se enfoca en destacar que la obra es el resultado final de un periodo del pensamiento de Ingenieros.
En este punto saltan a la vista una serie de problemas de tipo metodológico. Terán toma folletos anteriores a la publicación de Sociología Argentina, sin embargo, cuando los cita, no menciona a estos documentos, sino que cita los párrafos del libro de Sociología Argentina que corresponden a la edición publicada por Mar Océano en 1961-1962, que en realidad es una reproducción de la última edición del libro publicada en 1918.
III. La caracterización de Ingenieros como intelectual, pero ¿Se definía Ingenieros como tal?
Terán desarrolla la caracterización más sustanciosa sobre Ingenieros en su libro José Ingenieros: Pensar la Nación (1986), en donde escribe:
Si bien Ingenieros se preocupó en diversas oportunidades por marcar sus diferencias con Spencer —especialmente respecto de la imagen de la sociedad concebida como un “superorganismo”—, creía firmemente que “quedan en pie sin embargo las nociones fundamentales del sistema […] nociones que podemos traducir diciendo: la unidad de lo real (monismo) se transforma incesantemente (evolucionismo) por causas naturales (determinismo). (Terán, 1986: p. 32)
En otro párrafo agrega:
Rama de las ciencias biológicas, la sociología se distingue no obstante de aquellas por la ruptura mediante la cual la sociedad misma se desprende de lo biológico en el espacio abierto por el principio de solidaridad, posibilitando a su vez por la autoproducción humana de los medios de subsistencia. En síntesis, las sociedades humanas evolucionan dentro de leyes biológicas especiales, que son las leyes económicas. (Terán, 1986: p. 32)
Terán, siguiendo a Ricaurte Soler, considera que la sociología de Ingenieros se fundamenta con nociones, conceptos e ideas que no provienen únicamente del corpus positivista. Al mismo tiempo, Terán elabora una hipótesis que le permite comprender los cruces entre el positivismo evolucionista, el marxismo, la economía y la psicología en el pensamiento sociológico de Ingenieros. Tomando como eje, o como él dice, «como molde» a la matriz económica, dice Terán:
Dicha matriz económica es concebida como el molde que engendra cada una de las formas de organización de las revestidas por la sociedad humana, y constituye el sustratum en que se arraigan y sustentan las diversas instituciones políticas, jurídicas, morales etc., que constituyen la superestructura de la sociedad en cada momento histórico. (Terán, 1986: p. 33)
De esta lectura, se desprende la validación de su visión sobre un Ingenieros con un pensamiento diverso, en donde conviven distintas corrientes de científicas e ideológicas, se afirma entonces sobre su idea de un Ingenieros que no es «un positivista sin fisuras», más bien, todo lo contrario.
Se puede observar, en relación a la caracterización que Terán realiza de Ingenieros, que existe una intencionalidad por demostrar que fue el mejor ejemplo del intelectual moderno en Argentina.
Terán asocia el desprecio que tiene Ingenieros por los políticos, con su tendencia por ser independiente y libre respecto de las instituciones estatales, según Terán, es propia de lo que llama, utilizando la definición propuesta por el filósofo y político marxista italiano Antonio Gramsci (Cerdeña, 1891-1937): «un intelectual inorgánico».
Recordemos que según Gramsci, los intelectuales son los «empleados» del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político: a saber; 1) del «consenso» espontáneo que las grandes masas de la población dan a la dirección impuesta a la vida social por el grupo fundamental dominante, consenso que históricamente nace del prestigio (y por lo tanto de la confianza) que el grupo dominante deriva de su posición y de su función en el mundo de la producción. 2) Del aparato de coerción estatal que asegura «legalmente» la disciplina de aquellos grupos que no «consienten», ni activa ni pasivamente, (Gramsci, 1967), dice Gramsci:
Si no todos los empresarios, por lo menos una elite de ellos debe tener capacidad para la organización de la sociedad en general, en todo su complejo organismo de servicios hasta la misma organización estatal, dada la necesidad de crear las condiciones más favorables para la expansión de la propia clase, o como mínimo debe poseer la capacidad para seleccionar “los encargados” (empleados especializados) a los que se pueda confiar esa actividad organizativa de las relaciones generales externas de la empresa. (Gramsci, 1967: p. 30)
En consecuencia, el intelectual inorgánico es aquel que se mantiene aparte de la superestructura, en resumen, de las instituciones estatales. (Gramsci, 2009).
En este sentido, si se quiere, gramsciano, Terán pondera a Ingenieros como el máximo exponente de los que él denomina «Modernos intensos», estos que saludan efusivamente a la Revolución Rusa comprometiendo en algunos casos hasta su continuidad en las agrupaciones partidarias a las que pertenecían. Para definirlos con más precisión, Terán los antepone a los reformistas Socialistas o los gradualistas de posturas más moderadas. Terán considera que se establece una ruptura que se fue acentuando progresivamente en los hombres inclinados a ideologías de izquierda y se expresó, por ejemplo, en la tendencia a la organización y jerarquización de los partidos políticos de Izquierda en Argentina. ¿Cómo lo ubica a Ingenieros? lo encuentra en conexión con las concepciones políticas de estos sectores más «marginales» o «más radicalizados» del ámbito intelectual Argentino y Latinoamericano, rompiendo filas con el socialismo pero también en la vereda opuesta de los que confiaban en la ampliación electoral generada luego de la sanción en 1912 de la Ley 1420. Terán dice:
Seguramente que Ingenieros no podía seguir a Rodó en su redescubrimiento de los valores hispano-cristianos, más de hecho compartiría con él no solo el repliegue al reducto de la subjetividad sino también su desconfianza ante el ascenso de las masas y la expansión del igualitarismo. Y si en El hombre mediocre esta vertiente no desemboca en una abierta condena a la democracia es porque, en realidad, esta última habría sido hasta el presente una ficción, puesto que las ¨pretendidas democracias de todos los tiempos fueron confabulaciones de profesionales para aprovecharse de las masas y excluir a los hombres eminentes. Han sido siempre mediocracias. (Terán, 1986: p. 67)
Para Terán, Ingenieros se encuentra afincado en una matriz elitista y exclusiva que desprecia al sistema político argentino fundado en la mayoría, dice Terán:
Ni la cuna dorada, el voto anónimo o el blasón fortuito configuran regímenes de legitimación de poder, y entonces resta únicamente el blanco espacio de la meritocracia para asentar el modelo de poder político producido por este «idealismo» de la experiencia: se opone a la democracia cuantitativa que busca la justicia en la igualdad; afirmando el privilegio a favor del mérito. (Terán, 1986: pp. 67-68)
Y continúa:
Dicho de otro modo: el esquema de control político oligárquico únicamente es criticado cuando no se pliega al arbitrio de las minorías ilustradas: entonces esa crítica –que acepta el modelo, pero rechaza a los sujetos que lo ocupan coyunturalmente – debía devenir en protesta individualista y moralizante de un intelectual inorgánico. (Terán, 1986: pp. 67-68)
Terán combate la versión canónica de sus años de estudio, cuando sólo encontraba estudiosos del tema que leían a Ingenieros como un positivista sin fisuras, como alguien que por su concepción de la ciencia y su internacionalismo estaba imposibilitado para llegar a tener un pensamiento nacional. En cambio, Terán afirma que a partir de 1899 Ingenieros comienza a preocuparse por el problema de la Nación, dice:
Porque si otrora dicha reflexión se constituía alrededor de la cuestión social – entendida como interrogante cuya resolución legitimaba la ruptura revolucionaría-, en este nuevo momento la problemática se desplaza y pasa a interrogarse por el problema de la Nación. Se pretende con ello pensar un país moderno, o sea, integrado al mercado capitalista y a la cultura occidental secularizada, en tanto garantes de una evolución pacífica hacia formas superiores de progreso y según modelos ofrecidos por algunos países europeos. Obviamente, en el interior de esta reestructuración ideológica, y en el camino de revisión de tesis anteriores, Ingenieros debía reencontrarse, ahora sí, con determinadas categorizaciones de la generación del 80. (Terán, 1986: p. 37)
Evidentemente, condicionado por su lectura gramsciana de lo que es y lo que no es un intelectual (orgánico o inorgánico), Terán no traza una relación entre los cargos académicos, las participaciones en proyectos de ley, los cargos en las instituciones del Estado con el tema de la Nación, tampoco considera que los diferentes trabajos realizados y publicados durante aquellos años se vinculen con las instituciones estatales y sus posibles mejoras.
En síntesis, si bien Terán habla de un Ingenieros que piensa en la Nación no llega a ligar esto con el Estado, el gobierno, la política y sus cargos públicos-estatales, como sí Nación y Estado-gobierno y política fueran cuestiones disociadas.
Pero, ¿Qué cargos y funciones desarrolló Ingenieros en el Estado? ¿fue un intelectual inorgánico? Un repaso por su vida y trayectoria demuestra todo lo contrario.
IV. José Ingenieros, militante, político y funcionario estatal
Ingenieros, entre los años 1895 y 1914, desempeña distintos cargos en agrupaciones políticas y en el Estado. En 1895, con 18 años, es delegado y luego, secretario del Partido Socialista Argentino. Según lo expresan sus biógrafos, pero también las fuentes[2], la cantidad de mítines, conferencias y discursos, demuestran que su militancia ocupa buena parte de sus días, al menos hasta fines de 1897. En 1897, por urgencias económicas, rinde una serie de materias para obtener el título de Farmacéutico. En el mismo año, impulsa y dirige las publicaciones de periódicos, uno de título anunciador: La reforma, otro de tinte más radical, el periódico Socialista y revolucionario, La Montaña, de 1897 (Bustelo, 2011), que dirigió junto a Leopoldo Lugones; ya sea por heredar la actividad militante que tenía su padre[3], ya por estar en constante contacto con un ambiente de pensamiento y de lecturas filosóficas, sociales y políticas (Falcón, 1985) pertenecientes al gran mundo de las izquierdas europeas de plena ebullición en aquel entonces.
En 1898, sin embargo, todo comienza a cambiar. Ingenieros reprueba los exámenes de la materia Patología Interna, estudiada en forma deficiente por no haberle dedicado el tiempo necesario, con sus tiempos de militancia socialista. En mayo de 1899 se encuentra con el médico y Profesor (su profesor en la materia de Medicina Legal) Francisco De Veyga. El encuentro iniciará una amistad que durará por años. Con De Veyga como mentor y tutor iniciará la carrera en el campo académico de Buenos Aires; primero como discípulo, luego como docente, investigador y médico psiquiatra, comienza una carrera en diferentes instituciones del Estado.
En 1904, lo designan Jefe de Clínica del Hospital de Alienados de la Policía de Buenos Aires (cargo que desempeñará hasta 1909) además de ocupar diversos cargos en la cátedra de medicina legal de la Facultad de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA). También, en 1904, interviene con otros académicos de la UBA en el frustrado proyecto de Código de Trabajo promovido por el ministro de Julio A. Roca, Joaquín V. González. En abril, el gobierno de Roca (1898-1904) lo designa como representante Argentino en el V Congreso Internacional de Psicología celebrado en Francia. En 1907 funda con De Veyga el Instituto de Criminología de Buenos Aires y, en 1908, crea la cátedra de Psicología experimental en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 1911 se postuló para la cátedra que dejaba su tutor De Veyga, a pesar que figuraba con amplio margen como primero en la terna de seleccionados, no es elegido por el Presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña. En respuesta, Ingenieros renuncia a todos los cargos y viaja a Europa, en donde permanecerá hasta 1914. No obstante, si bien Ingenieros se aleja de todos los cargos, ocupaciones y funciones vinculados con el Estado Nacional en 1911, no se corre de su concepción política respecto al lugar que deberían tener los científicos sociales, los sociólogos, en los Estados Modernos. En el mismo libro que citaba Terán, Sociología Argentina de 1918, afirma Ingenieros 7 años después del episodio con Roque Sáenz Peña:
Una tendencia sociológica, una vasta doctrina social no puede ser el privilegio de un partido; para ser exacta debe surgir directamente de las condiciones de su medio y de su época; su realización no depende los esfuerzos de una agrupación política, sino de circunstancias objetivas que nadie crea ni monopoliza. […] Una de las grandes ventajas de los sociólogos sobre los políticos militantes consiste precisamente en su aptitud para juzgar con independencia los hechos y las doctrinas que afectan intereses activos. Es necesario conservar las manos libres para poder aplaudir las buenas iniciativas, vengan de donde vinieren; sólo pueden hacerlo libremente los que no emplean las manos en otra cosa, en pedir a los de arriba o a los de abajo: ni favores a los ministros, ni votos a los trabajadores. Los hombres de estudio no necesitan adular a los electores ni a los gobernantes; por eso pueden advertir a éstos que el socialismo no se evita con persecuciones o con leyes de coacción, y recordar a aquéllos que su advenimiento no se apresura con discursos fogosos o con huelgas inopinadas. (Ingenieros, 1918: pp. 270-271)
En este punto, me interesa resaltar qué en un libro como Sociología Argentina, en su edición de 1918, hay dos operaciones que se cruzan. La primera, presente en otros libros y en las otras ediciones de Sociología Argentina (1901, 1910, 1915 y 1918), relacionada con la idea de posicionar el lugar que merecen los sociólogos. La segunda, vinculada con demostrar que hacia 1918 los sociólogos quienes se encuentran mejor preparados, quienes poseen el verdadero conocimiento científico para hacerse cargo de las distintas instituciones del Estado.
V. Una política socialista y nacionalista como solución frente a la lucha de clases
Ingenieros en La evolución sociológica Argentina. De la barbarie al imperialismo de 1910 había escrito sobre los problemas sociales de su tiempo. Tambiénsostenía allí que la sociología era la ciencia que planteaba un estudio científico de estos problemas y, en este sentido, era la ciencia destinada a resolverlos en un futuro.
En la edición de Sociología Argentina de 1913 no solo Ingenieros mantiene estas tesituras, sino que profundiza el estudio de los problemas sociales, incluso agrega un capítulo final con 120 páginas titulado: «Socialismo y legislación del trabajo» donde analiza detenidamente aspectos puntuales de los problemas sociales argentinos.
Por otra parte, el libro se abordan temas que ya habían sido estudiados por Ingenieros en textos como De la barbarie au Capitalismo, Los sistemas de producción en la evolución de las sociedades humanas, La evolución del socialismo en Italia y La evolución sociológica Argentina. En esta medida, Ingenieros sostiene nuevamente la ligazón entre evolucionismo, el Estado y la idea delprogreso económico, social y político. En otras palabras, la idea de progreso y la formación de un Estado Nación para Ingenieros son parte de una misma evolución histórica de la humanidad. Ingenieros se presenta como un sociólogo que estudia los problemas de su presente, ahora bien, a diferencia del libro de 1910, en el libro de 1913 y en la edición de Sociología Argentina de 1918, le dedica una extensa parte a un Proyecto de Ley de Trabajo en donde él mismo participó, demostrando de esa manera que como sociólogo científico ha intervenido en la realidad social para transformarla en una sociedad mejor.
En el libro de 1913, incluso, expone toda su participación en el Proyecto, claramente intentando defender su posición y el Proyecto mismo. Ingenieros se detiene en explicar qué tipo de sociología propone. En consecuencia, Ingenieros se plantea en la necesidad de hablar del socialismo, o más bien, que tipo de socialismo es el que defiende y ejerce.
Evidentemente, hay otras interpretaciones del socialismo a las que él no adhiere. Ideas que se encontraban asociadas al socialismo de partido político, más precisamente, ideas que difundían los líderes y militantes del Partido Socialista Argentino.
Para Ingenieros, el socialismo se une estrechamente con la ciencia, incluso se preocupa por demostrar que hacer sociología es también hacer socialismo, en este sentido, propone otra definición del socialismo que no se vinculada con la que se difunde desde el Partido Socialista Argentino. Dice Ingenieros:
La transformación del socialismo y de los socialistas es, como decíamos, su mejor garantía de vitalidad: los seres vivos se transforman continuamente, asimilan, desasimilan, crecen, enferman, viven, en una palabra. La materia inorgánica es la única inerte; dejar de transformarse es negar la vida, es morir. La crítica del marxismo ha servido para depurarlo; si sólo quedara de él una nueva orientación para el estudio genético de la Historia, ello compensaría de los muchos errores que en su nombre se han difundido entre las masas ignorantes. […] Libre de sus primitivas inflexibilidades y de sus aforismos apodícticos, el socialismo se impone ahora como interpretación positiva del movimiento social contemporáneo. Para la sociología determinista no es bueno ni malo: es una tendencia inevitable de la evolución. El movimiento obrero y los partidos socialistas no son las causas de esa evolución, sino una de sus manifestaciones, pues se traduce en actividades más complejas que la simple fase económica, aunque todas orientadas convergentemente. (Ingenieros, 1913: pp. 355-356)
Luego agrega José Ingenieros:
Así comprendido, el socialismo no puede identificarse con ninguna acción política estrecha y sectaria, ni puede monopolizarlo ningún partido. No es un invento filantrópico de los ricos en favor de los pobres, ni es un invento de los pobres que anhelan vivir mejor: es un hecho, una realidad de la evolución social, que los ricos combaten sin comprenderla y los pobres defienden comprendiéndola menos. Y así debe ser. Si es una verdad sociológica, una demostración científica, claro está que no puede saberla el ingenuo rentista ahogado en millones ni el escuálido proletario analfabeto. Sería fácil, sin embargo, demostrar la lógica de esa evolución socialista a los hombres estudiosos, a los que gustan de escudriñarlos problemas sociológicos. Las conclusiones mejor sentadas de la filosofía científica. (Ingenieros, 1913: pp. 355-356)
En estas líneas como en otras partes, Ingenieros plantea una serie de temas relacionados con la sociología qué el propone.
En primer lugar, el socialismo es considerado como parte de la evolución de la humanidad en materia de ciencia y conocimiento. Tras un paso «inflexible» que Ingenieros relaciona como resultante de la influencia generada por el marxismo, el socialismo, dice, «se ha depurado», se presenta dice: «como interpretación positiva del movimiento social contemporáneo». Subrayo aquí que con el término «positiva» Ingenieros desplaza al socialismo de la lógica facciosa, militante, partidaria y pasa a convertirse en un hecho, una realidad.
En segundo lugar, en tanto positivo, para Ingenieros el socialismo es un conocimiento que mira hacia el futuro y en esta medida, es incomprensible sin el futuro. Se constituye como algo más que una ciencia. El sociólogo francés Emile Durkheim en unos cursos dictados en Burdeos entre 1895-1896 y publicados recién 1928, definía al socialismo de una manera similar, decía: «El socialismo es, por encima de todo, un plan de reconstrucción de las sociedades actuales, un programa de vida colectiva que no existe todavía, por lo menos, tal como se ha ideado, y que se ofrece a los hombres como deseable. Es un ideal» (Durkheim, 1932: p. 16). En consecuencia, en tanto ciencia e ideal, el socialismo demanda un plan de acción desde el Estado.
En un mismo sentido, Ingenieros considera al socialismo como «una acción positiva» y lo demuestra con su participación en proyectos que presenten, desde su mirada, beneficios para la sociedad.
Como se ha señalado, en Sociología Argentina de 1913, Ingenieros le dedica un apartado a su participación en el Proyecto de Ley Nacional del Trabajo o también llamada «Ley González». En relación al Proyecto escribe Ingenieros:
El ministro Joaquín V. González, cuya tradición de intelectual y de estudioso explica su actuación política, ha sometido á la aprobación del Congreso Argentino, con el nombre de «Ley Nacional del Trabajo», un verdadero Código Obrero; así cabe clasificarlo si han de tenerse en cuenta su concepto fundamental, su extensión y la coordinación sistemática de las materias que legisla. El proyecto está precedido por un mensaje del Poder Ejecutivo; cuando el tiempo dé su justo valor a las iniciativas de política científica, ese mensaje será uno de los documentos más interesantes producidos bajo la segunda presidencia de Roca, pues enuncia y plantea las causas y caracteres del problema obrero, cuya solución legal intenta. El proyecto consta de X IV títulos y de 416 artículos, constituyendo un volumen de 270 páginas, digno de preocupar á cuantos se interesan por los problemas sociales contemporáneos, en su doble fase legislativa y jurídica. Las causas que han cooperado a la presentación da este proyecto. En primer término, la necesidad de: conformarse a ciertas exigencias de la civilización moderna, que imponen prestar oído a las justas reclamaciones obreras, consecuencia natural del desenvolvimiento económico capitalista, satisfaciéndolas mediante una completa y avanzada legislación social. En segundo lugar, la necesidad de prevenir ciertos conflictos obreros, que recientemente habían asumido formas tumultuarias y causado perjuicios graves a los intereses generales del país, sin distinción de clases, perjudicando al mismo tiempo a los capitalistas y a los proletarios. (Ingenieros, 1913: pp. 325-326)
En este párrafo que Ingenieros expresa que las reformas implementadas desde los Estados Nación, con la debida asistencia de personalidades como él, en otras palabras, de un sociólogo científico socialista; pueden ser superadoras de la lucha de clases, es más, a diferencia de lo que suele considerase respecto de las ideas socialistas, en este libro Ingenieros no justifica la lucha de clases, más bien todo lo contrario. ¿Cómo es esto?
Para Ingenieros, la lucha de clases es considerada como un enfrentamiento inútil, un obstáculo para el desarrollo del país, ya que se produce entre sectores que comparten los mismos intereses. Ingenieros considera que los «intereses generales del país» se encuentran por encima de los intereses de las clases sociales. Esta afirmación cobra una relevancia aún mayor si se tiene en cuenta el momento particular en el cual habla, Ingenieros lo señala cuando alude a «formas tumultuarias». Destaco especialmente esta concepción frente a los sectores del mundo de las izquierdas (anarquistas y socialistas) quienes hacia la época no dudaban en definir a «capitalistas» y «proletarios» como sectores irreconciliables, enemigos, antagónicos.
En el libro de Sociología Argentina de 1913, Ingenieros sostiene que «capitalistas» y «proletarios» son partes de un mismo organismo. Una visión que se relaciona directamente con la definición del socialismo que plantea el autor. Lejos de considerar al socialismo como una ideología concreta con postulados definidos, Ingenieros considera que el socialismo es una doctrina práctica, relacionada con un momento histórico en particular, como parte del desenvolvimiento y evolución de la humanidad, de capitalistas y de proletarios por igual. Además, sostiene que la evolución de la sociedad argentina va a ser posible, sólo si estos sectores de la sociedad dejan a sus funciones productivas (económicas) bajo la supeditación consciente de los centros dirigentes de la dicha sociedad: el Estado con sus instituciones.
Ingenieros no solo negaba la necesidad de eliminar las clases sociales (burgueses-capitalistas-terratenientes) sino que también desestimaba las tesituras marxistas en donde el «conflicto de clases» adquiría una importancia fundamental. Desde su concepción, estimaba que la suerte de los proletarios mejoraría como consecuencia de la reforma del sistema social a implementar desde el Estado. Desde esta perspectiva, el Estado absorbe y readecua los problemas entre los diferentes sectores de la sociedad, en definitiva, supera al «problema obrero» o «cuestión social», gracias a la posibilidad de mirar más allá de los intereses de cada una de las partes, en su objetivo de proteger los intereses colectivos contra determinadas influencias de intereses particulares o internacionales. Afirma Ingenieros:
La teoría de la lucha de clases, exacta en sentido estrecho y relativo, deja de serlo fuera de la política interna; los intereses comunes entre un estanciero y un peón de la Pampa son más reales que los existentes entre un peón argentino y un peón de Java, o entre un estanciero argentino y otro de Australia. La teoría de la lucha de clases, en su forma absoluta y sencilla, es accesible a los propagandistas, ignorantes y simpática a las masas; ya se ha señalado que parte de premisas falsas. No hay una burguesía y un proletariado, ni existen dos intereses, ni éstos son siempre y necesariamente antagonistas. La actividad económica de un país crea intereses diversos, propios de los terratenientes, los industriales, los comerciantes, los especuladores, y crea intereses diversos correspondientes a los obreros industriales, a los agricultores, a los medianeros, a los pequeños propietarios. (Ingenieros, 1913: pp. 102)
Ingenieros lejos de presentarse como un intelectual «inorgánico» o «anti estatal», como si lo presenta Terán en sus estudios, participa en distintos espacios del Estado durante el gobierno de Julio A. Roca, además de sostener una y otra vez, que el Estado es el espacio desde donde se resuelven los problemas que se presentar en la sociedad moderna. Además, ingenieros no crítica la democracia en general, embiste contra la democracia liberal, pero al mismo tiempo, postula otra forma democrática, que él llama: democracia funcionalconcepción no es una mera idea, una utopía, sino que la señala en pleno funcionamiento y en experiencias concretas como: La Revolución Rusa y la Reforma Universitaria. Como he demostrado en un libro (Di Vincenzo, 2025), Ingenieros, siguiendo toda una literatura sociológica de socialistas belgas y franceses desarrollada en las últimas tres décadas del siglo XIX, plantea que la democracia moderna debe ser una democracia funcional, donde por ejemplo: los intereses de los trabajadores del ferrocarril tengan su representante, que los trabajadores rurales tengan su representante, donde cada producción tengan su representante, hasta las madres de familias que no trabajan y cuidan a sus hijos también tengan sus representantes. Todos los individuos que cumplen una función en la sociedad deben tener representantes de esa función social en los organismos de Estado.
*Facundo Di Vincenzo es Doctor en Historia, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Profesor de Historia (USal, UNLa, UBA) Docente Adjunto Titular de Historia Social General Contemporánea, Seminario de Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Seminario de Las Izquierdas y el Pensamiento Nacional, Seminario de Peronismo y Pensamiento Nacional, Seminario de Arte y Cultura en el Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa). Investigador del Instituto de Investigaciones Históricas (UNLa), Coordinador Académico del Posgrado Especialización (CONEAU “A”) en Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Director del Área de Las Corrientes del Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano en el Departamento de Humanidades y Arte (UNLa), Columnista de los Programas Radiales: Malvinas Causa Central Radiográfica FM 89.3 y Radio UNLa FM 92.1
[1]TERÁN, OSCAR, José Ingenieros: Pensar la Nación. Buenos Aires, Alianza, 1986. El libro, tiene una primera edición en México en 1979; José Ingenieros, antiimperialismo y Nación, México D.F, Siglo XXI; Positivismo y Nación en Argentina, Buenos Aires, Punto Sur, 1987; Vida intelectual en el Buenos Aires de fin de siglo (1880-1910), Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2000; Historia de las ideas en la Argentina. Diez lecciones iniciales, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008.
[2] Algunos datos fueron extraídos del archivo personal de José Ingenieros, que fue cedido por su hijo Cecilia Ingenieros al Centro de Estudios de Cultura de Izquierdas, CEDINCI situado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Fray Luis Beltrán 125.
[3] Su padre el periodista y publicista de izquierda italiano Salvador Ingegnieros (1848-1922) llego al país en 1888 con su esposa y sus dos hijos, Pablo y José[2]. Como otros inmigrantes que llegaban desde viejo continente, era un militante de organizaciones obreras en su ciudad; Sicilia, Italia. De hecho fue quien edito el primer periódico socialista de Sicilia, además desarrollo una extensa actividad política a lo largo de su vida vinculándose con los principales pensadores revolucionarios de la época[2] como lo eran Enrique Malatesta (1853-1932), Emilio Zola (1840-1902) o Guillermo Liebknecht (1826-1900).
Bibliografía
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Cómo citar este artículo: Di Vincenzo, F. (20 de mayo del 2026). El José Ingenieros de Oscar Terán y el vicio intelectual de repugnar al Estado. Investigación en Movimiento. Ciencia e Investigación en la UNLa. Recuperado el [incluir fecha de consulta]. https://investigacionenmovimiento.unla.edu.ar/el-jose-ingenieros-de-oscar-teran-y-el-vicio-intelectual-de-repugnar-al-estado/