Investigación en movimiento

Universidad y movimientos sociales: una mirada desde Brasil

 

Resumen

El debate sobre la universidad es multitemático, también en lo que respecta a la relación de la institución con la sociedad. En este texto, presentamos una delimitación que se refiere a la relación de la universidad con los movimientos sociales. Este es un tema a veces periférico en los estudios universitarios, pero la primera defensa del texto es que esta relación es un aspecto importante de la dinámica universitaria. Se trata de un estudio bibliográfico que, en su contenido, se vuelve empírico, pues analiza experiencias, prácticas y políticas en la realidad brasileña. El artículo resume las posibilidades de relación entre las universidades y los movimientos sociales en cuatro dimensiones: tomar a los movimientos sociales como objetos/sujetos, a los movimientos como socios en las acciones, acoger las demandas de los movimientos sociales dentro de las prácticas universitarias y cuando la universidad se pone en movimiento. La conclusión es que esta relación refuerza el acercamiento entre la sociedad y la universidad, contribuyendo a lo que llamamos la popularización de la universidad.

Una breve introducción

El debate sobre la universidad como institución secular forma parte de las discusiones en el área de la educación en todo el mundo. Cada país ofrece su historiografía y sus evaluaciones políticas, sociales, epistemológicas sobre el tema de acuerdo con su realidad. Sin embargo, esta institución tiene características similares en diferentes enfoques. Aquí haremos un enfoque que no está muy sistematizado en los estudios sobre la Universidad, pero que, aunque de forma periférica, es común en la praxis de funcionamiento de tales instituciones. Aunque hegemónicamente la universidad esté más aislada que integrada a la comunidad, en Brasil y consecuentemente en América Latina, hay una señalización de diálogo con el entorno, incluso, de modo más efectivo, con los sujetos organizados en torno a los movimientos sociales.

En Brasil, la extensión figura como un agente directivo que garantiza el acercamiento de la universidad con la comunidad y la sociedad. Esto es una premisa de la educación superior nacional, formalizada incluso en la constitución del país, que afirma, como principios para las universidades, la inseparabilidad entre enseñanza, investigación y extensión. No se quiere, aún más en la introducción del texto, efectuar una conceptualización de la extensión universitaria, pero es preciso situar el debate en el sur del mundo y con las características que serán señaladas en las conexiones del presente capítulo. De modo general, los textos académicos sobre el tema indican un origen inglés, aún en el siglo XIX, de la extensión universitaria (Pimentel, 2005) por ejemplo. Sin embargo, es necesario resaltar los contornos latinoamericanos de esta práctica, en el formato como la conocemos. Es notorio que la reforma universitaria de Córdoba, que tuvo la extensión como uno de sus principios, tiene incidencia directa en el formato actual de extensión en América Latina (Menon, 2021), incidiendo también sobre Brasil. Esta información puede parecer periférica, pero, para la temática del texto, es crucial. Se trata de una realidad contradictoria y desigual y, así, con un número acentuado de movimientos sociales, que refuerzan la tesis del papel de la extensión universitaria como puerta de entrada de las relaciones entre movimientos sociales y universidad.

La universidad brasileña, incluso la extensión universitaria, no puede ser tomada de forma homogénea. Es obvio que hay incidencias del modo de producción capitalista y su reproducción sobre la organización de la universidad, pero hay un espacio de disputa hegemónica importante para los sujetos colectivos, como los movimientos sociales. Así, el texto va a explorar inicialmente las tipologías de las vertientes de concepción de universidad, basándose en las que sustentan el acercamiento que es central en el presente texto.

Las relaciones entre movimientos sociales y universidad, propiamente dichas, serán tratadas en sus tipologías, algunos ejemplos posibles de acciones ya fueron registrados en formato académico, tal como el libro organizado por Erlando Rêses, (2015). Y también, programas gubernamentales o aún, los propios movimientos ligados directamente a la dinámica de los sujetos constituyentes de la realidad universitaria, cuyo conjunto conformarán las cuatro dimensiones que sintetizan la relación entre universidad y movimientos sociales, que se encuentran en el desarrollo del artículo.

Así, la exposición que aquí se hace es descriptiva, porque va a evidenciar elementos de una relación y, por lo tanto, didáctica. Pero también es epistemológica, pues parte de una perspectiva de universidad que, dado su carácter público, necesita tener como prioridad el pueblo, la población que más necesita de esta institución, las clases populares. Y esta perspectiva compite con una serie de otras: elitistas, higienistas, utilitaristas y de mercado. Al evidenciar la necesidad de la relación entre la universidad y los movimientos sociales se describe un importante compromiso para con la sociedad, con una formación ciudadana y emancipadora, y también, con la popularización de la Universidad.

¿Qué Universidad?

Materiales y métodos

Como se trata de una mirada hecha a partir de la realidad brasileña, queremos evidenciar las características de este sistema, aunque algunas puedan ser universalizadas. Como ya se dijo, la universidad tiene características que reproducen el sistema socioeconómico vigente, en este caso, el capitalismo. Sucede que, esencialmente, esta institución está dotada de autonomía, y algunos principios se chocan. En un intento de síntesis, con base en la obra de Marilena Chauí, los autores Sigahi y Saltorato (2018, p.530) elaboran la tabla a continuación, en la que agrupan las características generales de las universidades, polarizando la tensión entre las vertientes contrahegemónicas ya referenciadas, lo que puede ser tomado como base para la comprensión conceptual acerca de la universidad, para los debates contenidos en la presente reflexión.

 

Diferencias entre institución y organización

  Institución Universitaria Organización Universitaria
Objetivos   Institución social cuyo propósito principal es la búsqueda de conocimiento, la reflexión, la crítica y la formación. Entidad administrada empresarialmente que se orienta hacia el mercado. Su objetivo es competir con otras organizaciones por «consumidores de servicios educativos».
Referencialidad Tiene a la sociedad como principio y referencia normativa y valorativa; cuestiona su propia existencia, su función, su lugar en el interior de la sociedad Se centra en sí misma, operando en un contexto de competencia con otras empresas educativas, y se enfoca en conocer (o juzgar saber) el por qué, para qué y dónde existe en términos de mercado.
Legitimidad Se fundamenta en la idea de un conocimiento guiado por su propia lógica y por las necesidades inmanentes a él. La define por la práctica social de la instrumentalidad, es decir, por el conjunto de medios administrativos particulares para la obtención de un objetivo particular.
Calidad Se mide por su capacidad de enfrentar los problemas científicos, humanísticos y filosóficos que surgen de las dificultades de la experiencia de su propio tiempo. Su concepto de calidad está regido por las ideas de eficiencia y eficacia, y se rige por nociones de gestión, planificación, previsión, control y éxito.
Autonomía Busca garantizar que la universidad sea regida por normas propias, democráticamente instituidas por sus órganos representativos. Además, asegura la aplicación de criterios académicos para la vida universitaria y la independencia para definir su relación con la sociedad y el Estado. La interpreta como la gestión empresarial de la institución. En este contexto, la autonomía significa que, para cumplir las metas e indicadores impuestos por un contrato de gestión, la universidad tiene la «libertad» de «captar recursos» de otras fuentes

Fuente: elaborado con base en Chauí (1999; 2001; 2003; 2014; 2016). [(En el original) Fuente del presente extracto ya citada en el texto.]

 

A pesar de que la llamada por los autores “organización universitaria” prevalezca en la actualidad sobreponiéndose en la lógica hegemónica entre las universidades, incluso en las públicas, lo que el cuadro indica como “institución” es una perspectiva que coexiste en el interior de la organización de la educación superior brasileña. Y, en la exposición anterior, se puede constatar que, tanto en los objetivos como en las referencias de esta propuesta, la base es social, o, de modo más literal, “tiene a la sociedad como principio y referencia normativa y valorativa”. Este presupuesto sustenta la tesis que aquí se defiende, de que las relaciones entre movimientos sociales y universidades es constitutiva de la propia dinámica de funcionamiento de esta institución. Aunque el texto no haga referencia directa a los movimientos sociales, es necesario resaltar que estos son la expresión colectiva y organizada de la sociedad, con capacidad de insertarse en el espacio universitario de forma orgánica y representativa, superando así la lógica subjetiva y competitiva, por lo tanto, empresarial, que está circunscrita en la comprensión de la universidad como “organización”. Como contrapunto, inserto en la percepción de la universidad como institución, reside la relación de la universidad y los movimientos sociales, cuya participación de estos sujetos colectivos, es prometedora. “Los movimientos sociales constituyen una promesa de frescura para la universidad. Tienen las alforjas cargadas de experiencia, realidad urgente, pie de calle, descripciones, fuerza y objetivos. (Manzano-Arrondo, Roij, 2014, p. 19)

Mediante este movimiento dialéctico de lo real, la contraposición entre perspectivas de universidad que, en el caso de este escrito, está anclada en lo que se llamó de “institución universitaria”, carece de teorizaciones epistemológicas que den sustento a tal perspectiva que, a su vez, va a sustentar también la evidenciada relación entre movimientos sociales y universidad. De este modo, por estar tratando la cuestión a partir de la realidad brasileña, priorizaremos autores nacionales. Sin embargo, este fenómeno no es restringido geográficamente, así, antes de pormenorizar referencias de Brasil, intencionalmente, evidenciamos un posicionamiento que puede ser tomado como “universal”, distante geográficamente y, también, epistemológicamente (una vez que se trata de un literato y no de un investigador especialista en la temática):

La universidad es el último nivel formativo en que el estudiante se puede convertir, con plena conciencia, en ciudadano, es el lugar del debate donde, por definición, el espíritu crítico tiene que florecer: un lugar de confrontación, no una isla donde el alumno desembarca para salir con un diploma (Saramago, 2013, p. 26).

El extracto del escritor portugués José Saramago evidencia cuestiones importantes para el punto de partida sobre la comprensión de la universidad que acoge en su interior los movimientos sociales y sus demandas. En realidad, las cuatro líneas expuestas tienen cuatro puntos a ser observados. De entrada, observa la valoración fáctica de la institución universitaria y su reconocimiento, indicando “el último nivel formativo”. El autor trabaja con la perspectiva del acceso que, a su vez, tiene, de forma tácita, el concepto de universalidad. Hay muchas implicaciones en las categorías abordadas: conciencia, ciudadanía y espíritu crítico. Una de las implicaciones de la formación para la ciudadanía, en el discurso del autor, es que la formación académica va más allá de la formación técnica e incluso científica, o sea, de acuerdo con la definición clásica, comprometido con los derechos básicos que la ciudadanía contiene. Al mencionar el “lugar de confrontación”, el autor alude al carácter dialéctico de las diferencias y del propio proceso formativo – la universidad implica universalidad. Y, por último, lo que más interesa a la temática abordada: la metáfora de que la universidad no es una “isla”. Saramago llama la atención sobre el hecho de que la institución es integrante de la sociedad, con problemas y situaciones concretas, superando la abstracción y componiendo la realidad, que no es lineal o experimental, es en realidad caótica y contradictoria. Este es el terreno de las desigualdades y los males sociales que dan origen a los movimientos sociales.

Volviendo al caso brasileño, hay intelectuales de diferentes áreas que trabajan con la conceptualización y reflexión sobre la universidad. El antropólogo Darcy Ribeiro es uno de ellos. Sus reflexiones y su práctica evidencian elementos importantes para la comprensión que está aquí evidenciada. En el extracto a continuación, por ejemplo, hay una serie de elementos a ser explorados. La pregunta inicial del texto – si la universidad puede llegar a ser un instrumento de transformación de la sociedad – es la primera reflexión que es respondida por el autor con mucho movimiento y dialéctica, manteniendo espacio para la esperanza y, de la misma forma, evidenciando el carácter duro y hegemónico que las clases dominantes imprimen a la estructura social y consecuentemente a la universidad.

Cumple preguntar: ¿puede la Universidad convertirse en un instrumento de cambio intencional de nuestras sociedades? A rigor, debemos responder que no ya que las clases dominantes harán todo lo posible para impedirlo. Sin embargo, las estructuras de poder no son nunca tan homogéneas y coherentes que consigan imponer la voluntad de las clases dirigentes, a menos que la propia Universidad se haga cómplice de ellas. En los dos casos, de la Universidad orientada a la renovación necesaria y en el de la Universidad a remolque, la situación será siempre conflictiva. En el primer caso, dados los tumultos provocados por los interesados en mantener el statu quo, verán en la Universidad su principal enemigo. En el segundo caso, la universidad será convulsionada por la juventud rebelada contra una institución que traiciona sus ideales. La opción como se ve no es entre la tranquilidad y el tumulto, sino entre dos órdenes de tensión. Cabe resaltar, sin embargo, que los conflictos activos del primer orden de tensiones permiten a la Universidad ejercer, al menos, el papel de última institución oficial donde el pueblo y la nación pueden proponerse un proyecto propio de desarrollo autónomo y auto sustentado (Ribeiro, 1991, p. 22).

La cita indica aún una fuerte marca de la esperanza, frente a la realidad conflictiva y, sin duda, desfavorable a los que defienden la igualdad. Esta esperanza es compartida por los sujetos de los movimientos sociales que buscan, también, transformaciones, incluso de los movimientos ligados directamente a la dinámica universitaria (como el caso citado en el propio texto – de los estudiantes – que podemos asociar al movimiento estudiantil). Otro apunte necesario es una categoría que el autor inserta en este debate, aunque no sea central en el texto presentado: la relación entre universidad y desarrollo. Esta relación es crucial, incluso para la determinación de cuál es la perspectiva, o proyecto de sociedad con el que la universidad se compromete. Ribeiro toca el tema de la autonomía, pero, sobre todo, en el tema de la cuestión del movimiento en el interior de la institución y de los sujetos que la ocupan. Esto, aunque de modo indirecto, refuerza la tesis de que la relación entre universidad y movimientos sociales es vital para la constitución de la universidad de carácter popular, que por lo que defendemos, es la función de toda la institución pública.

La tradición académica brasileña, en el contexto latinoamericano, se caracterizó por un debate de comprensión de esta realidad, denominado “teoría de la dependencia”, es claro que tales presupuestos se aplican a un campo social amplio, con interlocuciones importantes como la Economía, y una gama de autores que pueden ser simbolizadas en el nombre de Ruy Mauro Marini. Sin embargo, más aproximado al tema propuesto, es necesario resaltar que tales debates, que se aproximan al desarrollo nacional y actualización técnico-científica local, también se vinculan al concepto de universidad, a las perspectivas y reforma de esta institución. Uno de los intelectuales que es insertado, tanto en el debate amplio que transciende la educación, cuanto, en los temas directamente ligados a la universidad, es Florestan Fernandes. Su obra y su defensa intransigente de la universidad pública pueden ser observadas en diversos escritos y, de forma sintética, expuestas en el análisis de la universidad que él vislumbra:

Nuestro objetivo es la creación de una universidad capaz de operar a través de sí misma, de llenar todas las funciones que debe satisfacer bajo la civilización urbano-industrial, de ser una fuente de conciencia histórica y crítica y de pensamiento inventivo (en la ciencia o demás formas de saber), de convertirse en uno de los ejes de la revolución democrática. Ahí está nuestra causa. Por ella nos deberemos batir incondicionalmente para forjar la nueva universidad, pero también para hacer de Brasil una sociedad nacional democrática e independiente. (Fernandes, 2020, p.357)

Además de la valoración de la universidad pública, defensa de presupuestos inalienables como la calidad, gratuidad, laicidad y formación crítica, Florestan evidencia, como se demuestra arriba, que la universidad necesita alinearse al desarrollo nacional, y, principalmente, en la defensa de la democracia, o en la “revolución democrática”, como él especifica literalmente. Así, la universidad que vislumbra Florestan Fernandes es radicalmente comprometida con el desarrollo y las demandas de la sociedad. La producción de conocimiento, ciencia y tecnología, entonces, deben estar al servicio de la sociedad y no al contrario. Es justamente esta concepción la que se sustenta a la perspectiva que aproxima movimientos sociales y universidad. Lo que enfatiza el movimiento dialéctico social, como afirma Taffarel (2025, p. 11):

Es en la lucha concreta por derechos y conquistas históricas que la relación Universidad y Movimientos Sociales educa y es educada, ora con tendencia a la alienación, ora a la emancipación humana, dependiendo de la correlación de las fuerzas antagónicas; las fuerzas destructivas del capital o las fuerzas humanizadoras de la clase trabajadora organizada en la ciudad y en el campo.

Se basa en la comprensión de que el interior de la universidad necesita vivir las propias contradicciones de la sociedad en su conjunto, que está constituida de diversidad, de desigualdades y disputas, o sea, en una palabra, es una institución en movimiento.

La materialización de las relaciones movimientos sociales y universidad – resultados y discusión

Efectuada la referencia a la perspectiva teórica y práctica de cuál es la universidad que “comporta” la relación con los movimientos sociales, cabe ahora, una breve introducción de prácticas que ocurren en el interior de esta relación. Como ya se mencionó, la extensión es una dimensión de la práctica universitaria que mejor acoge esta relación, sin embargo, la revisión teórica efectuada, a continuación, evidencia que esta relación está inscrita también en el conjunto y en la concepción de universidad que se relaciona con el pueblo. Este es el punto de partida para las demás acciones. Pero es importante, de entrada, evidenciar un hecho que puede confundir la cuestión. Aunque esencialmente, en su concepción, la universidad tenga apertura a lo popular y se identifique con las demandas populares, ella en sí no es un movimiento, sino una institución que puede y, como defendemos aquí, debe relacionarse con ellos.

Así, como punto de partida, podemos hacer una reflexión, que puede incluso ser considerada como metodológica, sobre cómo se da la relación entre movimientos sociales y universidad.

Y así, visualizo cuatro dimensiones y posibilidades de cómo se efectúan tales relaciones. Inicialmente, la toma de los movimientos sociales como objeto/sujeto, o sea, la toma como foco de investigación, acciones de extensión e incluso enseñanza tomando los movimientos como “objetos” de trabajo. Graficamos entre comillas pues tenemos noción de que la concepción de ciencia que toma porciones humanas como “objetos” no da sustento para una relación horizontal como la que postulamos aquí. El volumen de tales análisis puede ser visto en producciones que analizan, de forma cualitativa, y también cuantitativa, el volumen académico del área, desde los primeros escritos del área (Kauchakje, 1997) hasta revisiones más actualizadas como Szwako, Dowbor, Araujo (2020). Se suma a los estudios el número de proyectos de extensión en las diversas universidades y, aún, en determinadas áreas del conocimiento, como contenido formal, en el caso de disciplinas de grado y posgrado.

En un segundo nivel, si es posible jerarquizar, están los movimientos como socios en acciones. Este nivel difiere cualitativamente, pues eleva las acciones, del nivel básico de foco de estudios y acciones, para el nivel de alianzas. Tal acción presupone que los sujetos integrantes de los movimientos sociales actúen en conjunto con los integrantes de las universidades. Serían acciones que pueden ir de campañas, de diversas naturalezas, como de ciudadanía, concientización, o incluso acciones más sistematizadas, como campañas de lectura o alfabetización, o aún, acciones que son específicas de áreas, como del área de la salud en espacios coordinados por movimientos sociales, como asentamientos, ocupaciones urbanas, comunidades, como es evidenciado en el capítulo “Reducción de la Mortalidad Materno-Infantil: Ejercitando el Diálogo entre la Universidad y el Movimiento Social” de la obra (Rêses, 2015).

Esta relación de alianza puede ser constituida de forma que se acentúe el protagonismo de los movimientos sociales: esto se da con el acogimiento de las demandas de los movimientos sociales en el interior de las prácticas universitarias. Este movimiento puede ser una práctica de todas las áreas del conocimiento. Hay ejemplos de las áreas de arquitectura, ingenierías, educación y derecho, junto a los movimientos por viviendas y las ocupaciones, de las áreas de agronomía, zootecnia y otras de las ciencias agrarias junto a los movimientos campesinos, o del área de salud, desde campañas hasta intervenciones formales (que son frágiles en el interior de la informalidad de algunos movimientos sociales) y, aún, con mayor incidencia, las acciones de las ciencias humanas, principalmente en lo que respecta a la educación y formación, sea política o pedagógica en los más diferentes movimientos sociales, de la tierra a la ciudad, pasando por asociaciones, organizaciones, sindicatos, en fin, del tamaño que es la dimensión de la práctica educativa. Estas acciones pueden evolucionar para la construcción de espacios en los campos epistemológicos de las diferentes áreas. Es posible indicar un movimiento interesante, como por ejemplo: al incorporar las demandas de los movimientos sociales, el “derecho encontrado en la calle” (doctrina) se convierte en una escuela académica (Souza Júnior, et al, 2021), que fue de una práctica de asesoría jurídica a los movimientos sociales a una importante corriente epistemológica en el campo del derecho brasileño.

Otro formato digno de nota es que, en algunos casos, al asumir demandas oriundas de los movimientos sociales, las universidades colaboran con la construcción de políticas públicas importantes para los sujetos atendidos y el conjunto de la sociedad. De modo directo, la universidad no necesita mediar la relación entre Estado y movimientos sociales en la construcción de políticas, como se puede ver en la obra de Tatagiba y Teixeira (2021), pero hay casos en que esta alianza es fundamental. La referida obra trae el debate conceptual de la construcción de políticas, con el protagonismo de los movimientos, pero también indica casos empíricos de esta alianza. El libro evidencia experiencias del campo y de la ciudad: el caso de la lucha por vivienda y la construcción de políticas del área, con diversos movimientos y un énfasis en el movimiento de personas pobres; y, también, el caso de la relación de movimientos sociales del campo con la demanda y el manejo del Programa de Adquisición de Alimentos (PAA), incluyendo en este caso la organización sindical.

En el campo de acción de la universidad, es posible usar como ejemplo el Programa Nacional de Educación en la Reforma Agraria – PRONERA, que fue cimentado, desde su génesis, en el trípode: Movimientos Sociales, Estado y Universidad. No es la intención del presente texto evidenciar la complejidad de la política, pues hay una serie de registros académicos sobre el programa, como, a título de ejemplo, el artículo reciente de Camacho (2024), sin embargo, es bueno registrar una pequeña síntesis. Este programa atiende la educación, en los diversos niveles y modalidad, por medio de alianzas que, hegemónicamente, son efectuadas con universidades. En el campo de la enseñanza, se ofrecen cursos de grado o posgrado en las diferentes áreas del conocimiento, para el desarrollo de las áreas de reforma agraria y aún hay acciones educativas de educación básica, principalmente en el área de Educación de Jóvenes y Adultos, o formación continuada de profesores, o aún actividades profesionalizantes, que se insertan en el universo de la extensión universitaria. Tales acciones, son gestionadas con la participación de los movimientos sociales y consisten en experiencias exitosas en diversos aspectos: para las áreas y sujetos atendidos, para las universidades y también para el Estado, una vez que esta es una política pública ligada a la educación que indica datos positivos consistentes.

Y como la cuarta dimensión señalada para la relación entre movimientos sociales y universidad, tenemos la condición de cuando la universidad se pone en movimiento, o sea, los movimientos oriundos de la propia dinámica universitaria. No son solo los movimientos propios de la organización de los trabajadores, como los sindicatos, u otras instituciones, como partidos, iglesias que mantienen movimiento en el interior de la universidad. Se puede citar el movimiento estudiantil que tiene un nivel de organización e incidencia en cuestiones generales, sean sociales sean institucionales. Forma parte, incluso, de la estructura universitaria, con asientos en los consejos gestores y dialogan con las pautas propias y de otros movimientos sociales, siendo en el interior de la universidad, al mismo tiempo, foco de estudios y sujeto activo. Aún, en el contexto social, de modo amplio, en campañas de diversas naturalezas, en acciones y protestas en defensa de un posicionamiento, o, en defensa de sí mismo, el conjunto de la universidad se manifiesta como un sujeto colectivo en movimiento. Entre este tipo de acción, se puede citar una que es simbólica: durante el gobierno Bolsonaro (2019-2022), hubo escasas y tímidas manifestaciones, pero fue justamente el conjunto de la universidad, sus movimientos internos y adhesión de los defensores externos, incluso otros movimientos sociales, que “despertaron” (EL PAÍS, 2019) las calles en manifestaciones, tomando la universidad como elemento articulador de diversos movimientos sociales.

Para finalizar, podemos citar varios momentos históricos, como la reforma de Córdoba, en 1918, que ya tuvo su papel referenciado en el texto – el “mayo del 68” – que como afirma Chauí, fue compuesto por

movimientos sociales, los movimientos de derechos civiles, los movimientos estudiantiles, los movimientos guerrilleros de América Latina y los movimientos libertarios de la antigua Europa del Este. En todos ellos, el punto de partida, si no fue la universidad como institución, fue la universidad como irradiadora de conocimientos y de prácticas nuevas, muchas de las cuales, visando la transformación de la propia universidad, para su bien o para su mal (Chauí, 2001, p. 18).

Tales experiencias, sumadas a incontables acciones, protestas y movilizaciones por el mundo, en diferentes espacios como la fuerte reacción de la universidad, en virtud de las acciones del gobierno Javier Milei, con alta adhesión social, de otros movimientos sociales. Piro, Yantorno (2024) o aún, la reacción de las universidades en los Estados Unidos de América, rechazando las políticas de Donald Trump, (Ngowi, Finley, 2025) evidencia que el fenómeno que aquí demostramos, aunque tome a Brasil como referencia principal, es un fenómeno universal: en el interior de la contradicción, la universidad se encuentra en movimiento.

La mirada y el trabajo académico que las universidades hacen al sistematizar, problematizar, registrar y teorizar las experiencias de los movimientos sociales es una acción, que además de producir reconocimiento, genera avances mutuos para todas las organizaciones involucradas, como afirma Alfonso Torres Carrilho:

En fin, consideramos que esa mayor intensidad de colaboraciones entre universidades, investigadores y movimientos sociales trae beneficios para los 3 actores, pues las universidades renuevan el cumplimiento de sus funciones (formación, investigación, extensión), los investigadores recrean y amplían sus referentes epistémicos, conceptuales y metodológicos, y los movimientos se fortalecen desde la producción y socialización de conocimiento desde y sobre sí mismos. (Torres Carrilho, 2019, p. 351)

Así, tratamos de una cuestión que, infelizmente, a veces, es marginada, si no criminalizada como podemos ver en los discursos de los detentores del poder. Pero, como demostramos, sintetizado en este extracto arriba, es una relación prolífica para el desarrollo científico e institucional de las universidades, sean ellas brasileñas o en cualquier lugar del mundo. Los movimientos sociales educan.

 

Consideraciones Finales

Las formalidades académicas están envueltas en terminologías que no siempre se articulan con los métodos usados en investigaciones. Este tópico es un ejemplo en la relación entre movimientos sociales y universidad, la realidad está en movimiento, así, no hay la terminalidad formal, pues forma parte de un movimiento dialéctico. Pero, comprendiendo la propuesta de la estructura del género, es posible hacer algunos apuntes pertinentes oriundos de lo expuesto en el texto. Inicialmente, en el mismo movimiento dialéctico, la concepción de una universidad en movimiento, que fueron expuestas con base en autores como Marilena Chauí, Florestan Fernandes, Darcy Ribeiro, por ejemplo, sustenta la necesidad de la interlocución de la universidad con la población y, de la misma forma, la práctica de diálogo popular va contribuyendo con la concepción de universidad atenta a los movimientos sociales.

En este movimiento, el texto indicó, en conjunto con una concepción de cómo las relaciones entre movimientos sociales y universidades pueden darse, ejemplos concretos, materializados de acciones reales efectuadas en el conjunto social organizado, algunas que se convirtieron en políticas públicas incluso. Tales experiencias no funcionaron aquí como modelo.

Tales experiencias no funcionaron aquí como modelos o ejemplos a seguir. Son porciones de la realidad que evidencian posibilidades; es más, de acuerdo con la concepción de universidad que defendemos, señalan los compromisos que las universidades deben cumplir con la sociedad.

En el campo epistemológico, los estudios sobre la universidad son multitemáticos, acompañando la naturaleza de dicha institución. Ocurre que, a veces, tales teorizaciones no alcanzan la relación de la universidad con los movimientos sociales, a pesar de que de esta se hayan materializado experiencias significativas o incluso políticas públicas, como se evidenció en el desarrollo del artículo. Por otro lado, al igual que ocurre socialmente, los movimientos sociales y, en consecuencia, sus estudios, son marginados y a veces incluso criminalizados. Así, este artículo pretendió dar voz a este campo del conocimiento, evidenciar las potencialidades de la relación entre movimientos sociales y universidad, y fortalecer la concepción de que la universidad es un bien social y que, en su faceta pública, necesita de la popularización para el ejercicio de su función.

Finalmente, es necesario decir que se trata de un relato, de un esbozo de teorización sobre las concepciones y funciones de la universidad, pero también se trata de un texto que ejercita el principio de la esperanza. De forma hegemónica, la universidad como institución tiene dificultades para relacionarse con la sociedad de forma horizontal, lo que se acentúa aún más cuando se trata de las clases populares. Por otro lado, existe una tensión por parte de la sociedad (el mercado) para que la universidad se convierta en una mercancía más. Así, anhelar que la relación con los movimientos sociales forme parte del cotidiano de las universidades es también un ejercicio de esperanza.

*Fernando José Martins tiene un doctorado en educación y es docente investigador en la Universidad Estatal del Oeste de Paraná en Brasil.

Referencias

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Cómo citar este artículo: Martins, F. (1 de abril del 2026) Universidad y Movimientos Sociales: Una mirada desde Brasil. Investigación en Movimiento. Recuperado el [incluir fecha de consulta]. 

 

 

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Fernando José Martins

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